Sugerencia


Supón que la gente no le dé tanta importancia consciente o inconscientemente a nada que venga de la cultura, que viven como tú y como yo, con sus errores, con sus ilusiones. Hablo a tu corazón, a lo más cercano a mí, porque, qué soy yo sino otro corazón? 

Supón que nos hemos equivocado hasta ahora en eso, en lo más importante, que siempre hemos caído en la misma piedra. Que lo sabíamos y no queríamos reconocerlo. Supón que todos los libros, las películas, las canciones, los telediarios esconden corazones heridos. Que lo que llega a nosotros es algo que no está vivo por sí mismo, porque es un envoltorio, una muda. Algo grotesto y molesto, que no es un corazón. 

Supón que los seres humanos somos buenos por naturaleza, buenos y sencillos, directos, que nos agarramos a la vida como podemos y no sabemos lo que queremos, que no tenemos que saberlo, que todo ya está escrito para nosotros y que la vida es mucho más sencilla, no mucho más complicada. Este es mi talento. No lo oculto. Sólo intento apoyar con lo que pueda. 

No quiero engañar a nadie, pero sé que las mentiras producen más sufrimiento que placer. Algunos dicen que son divertidas, que nos ayudan con el aburrimiento. Yo digo que son una maldición de la que debemos deshacernos y condenar en todo momento, sin excepción, que es la excusa para eludir nuestra responsabilidad de hacer las cosas bien. Eso es lo que yo digo. 

Digamos que en todos sitios la vida es la misma, a pesar de la riqueza, la concentración de habitantes por metro cuadrado, la edad de la civilización, el clima. Supongamos que sólo hay un corazón humano que late en diferentes lugares y momentos, que es un corazón con un único sentido y dirección, que late al mismo tiempo, a pesar de la distancia, las diferencias, las apariencias, a pesar incluso del dolor. Supón que tu corazón es mi corazón, a pesar de la época, de las ideas, de los inventos. 

Un alma no está hecha de monedas ni de bienes materiales. No se puede expresar porque se vive. Aquí terminan las explicaciones. Sabes de qué estoy hablando? Me sigues? En otra época hubiera dicho que si no me sigues, no me interrumpas. Y quién soy yo para privarte de mi amor por la vida? Era yo el que estaba equivocado, y te pido disculpas. 

Yo soy Walt Whitman, soy Platón, soy San Agustín, Spinoza, Einstein, Goethe. Soy todos ellos y soy yo, también. Ellos son mis maestros, mis amores eternos, pero tú también lo eres, amigo mío. Siempre me olvido de ti. No sé cómo serás. Tú me haces vibrar por dentro. Tú eres el futuro. Nosotros tenemos que hacer vibrar la vida con nuestra magia, con la chispa divina. Dios me ha dado unos dones que he desperdiciado, pero no quiero que eso pase más. 

Te los doy a ti; me los doy a mi. Lo hago todo para honrarle a Él y no a mí. Quién soy yo? De qué estoy hecho? Qué hay eterno en mí? Qué me ha hecho llegar hasta aquí, con estas ideas, con esta irreverencia, con este amor incontrolable por la vida? No subestimes, amigo mío, el valor de los ritos sociales, de las palabras y las imágenes.

Tú también sabes que detrás de estos delirios y debilidades hay un corazón que late, como el tuyo, que es tu corazón. Que tú y yo somos la misma persona, aunque no lo sepamos, aunque no podamos entenderlo. Que nada es verdad, si no lo sientes, ni lo atrapas, ni lo ves en todo lo que hay. Eso es el Universo. Eso es la plenitud, amigo mío, amor de mi vida.




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