Aurora y crepúsculo


Dónde, amigos míos, acaba el esteticismo en el arte? El hombre alcanza sincretismos inimaginables en el pasado, pero sólo en la estética. Todo para que el mundo siga adelante, como sea. En primer lugar, admito mi miedo a lo sagrado, a lo desconocido. Dicho esto, vierto mis críticas sinceras en busca de la libertad. No sé lo que es, pero la busco. 

Este momento es un nuevo sentimiento, pero conozco el sistema. La teoría no cambia la práctica, sino al revés. No me sorprenden nuestras debilidades, cada vez menos, pero parece tan normal, tan natural y tan nihilista, esta alma nuestra, después de tanto tiempo, tantos esfuerzos, tanta especulación. No me doy por vencido. Cómo podría? 

Hoy pensé en desacreditar duramente a los pesimistas. Y cómo descartarme a mí de entre ellos? No compartimos todos la desesperación humana, cínicas sonrisas y temblores, frialdad fingida, mecanicismo absurdo que oculta voluptuosidad y pasión irreductible? Sí. Eso pienso y eso despeja mis dudas, una vez más. Pero me encierro en mí mismo. Me hundo un poco más en mi soledad moral. 

No soy independiente de los demás. Nadie es un Robinson Crusoe, ni un Odiseo, ni un Jesucristo. Somos lo que somos, y la vida sigue como ayer. Nuestras necesidades son huecos que ocultan huecos mayores. Ahí terminan todas las especulaciones y conexiones posibles. Tenemos una causa mayor que nosotros mismos y que todas nuestras ilusiones, pero dudo de mi soledad lo más vitalmente que puedo, por si acaso. No quiero verme vacío. No quiero verme sin verme a mí mismo. 

Me da pavor pensar en algo así. Sé que algunos no lo entenderían o disimularían con todas sus fuerzas para confundirme. No sienten esto también, acaso? Yo creo que la muerte nos une a todos más profundamente que cualquier espejismo de la vida, elegido o no, simulado o no. Lo peor de nuestro mundo somos nosotros mismos. Qué simplificación, pero es así. 

Como un juego de palabras, me desnudo un poco más. Es fácil soltar, de repente, otra blasfemia inocente. Como los niños, sin culpa, sin rumbo definido. La decisión más pequeña es moral. He racionalizado demasiado las cosas. Todos antes que yo. Todo sigue igual. Y qué he dicho de nuevo? Nada. Pero hablo, hablo porque no acepto que no diga nada. Hablo irreverente. Hablo vacío. Hablo. Hablo. Hablo. 

Sería gracioso que alguien viera arte en esto. La vanidad me atravesaría el corazón. Yo quería que fuese sólo espontaneidad, pero sueño. Sueño con dominar lo desconocido. Y sé que sólo es un sueño, como mis teóricos favoritos y los que más desprecio. Todos están en el mismo saco. Sus bordes son indescriptibles y siegan la vida de las cosas. No somos nadie. No lo aceptamos. Terminan todas las historias. Sólo son historias. 

Comentarios

Entradas populares