Llamamiento


Oh, amigos míos. Estoy cagado de miedo. La inteligencia es adaptación, duda. Hay una felicidad ahí que me distancia de una soledad y tristeza que parece insuperable, imparable, que no deja de crecer. Yo quiero afrontar lo peor para librarme de ello. Yo no sé si es cierto que soy lo que pienso ahora. Todo parece demasiado complicado, pero la felicidad es muy simple. Se trata de que nos amen. 

Me he reído muchas veces y a lo mejor no llego a entender lo que quería decir Platón con lo de que la risa era vergonzosa o ridícula. A lo mejor es que no estoy preparado para llegar a ideas superiores o más complejas. No lo sé. Yo no lo creo, porque siento en mi fuero interno que ser feliz es lo más fácil. Lo más fácil. El único deber. 

Tengo una familia. No tengo pareja. No tengo muchos amigos. He estado buscando mi camino durante mucho tiempo. Es fácil escribir cualquier cosa. Ya no quiero discutir con nadie. Se asientan y van quedando más profundos los cimientos de mi vida racional. Todas las acciones humanas son morales. 

No he repetido esto muchas veces? Es un mantra. La simplificación de la sinceridad. Huyo. Huyo con mucho miedo. Aúllo a la noche de los tiempos porque no espero ningún otro amanecer. Creo en él por fuerza, pataleando, solo, sin argumentos que valgan, pero mientras tanto, soy incrédulo y salvaje. Lo soy por dentro. La locura es inherente a nosotros. Nuestro corazón es loco. Este es mi camino. No soy organizado. No quiero serlo. No quiero fingir más, ni pelear, ni dejar de reírme ni divertirme. Es la mejor manera de huir. Esto lo sabemos desde el principio. 

Ya no quiero ser un talento insuperable, ni un hombre de piedra o de madera. Soy un hombre de carne y hueso, egoísta e imperfecto, ambicioso, frágil, versátil, creativo. No lo son todos los hombres? Todos los que han sido de verdad? Hay hombres que hayan sido muñecos? Creo en la gente honesta y sencilla. En la gente clara, en la gente que llevo hasta el último término su sabiduría, su desafío interior. Eso es la existencia. Un desafío interior, concreto, una experiencia individual. Eso es todo lo que es. 

Ojalá pudiera encontrar filósofos del corazón en este mundo tan grande y globalizado, tan desarrollado técnicamente y tan deshumanizado a mis ojos, para poder compartir con ellos esta pasión por el delirio, este afán de buscar otra cosa a ciegas, porque uno no se conforma con nada de esto. Nos engañamos si lo creemos o somos muy tontos. 

Ah, cómo me gustaría encontrar a esos filósofos tan equilibrados y desequilibrados, tan honrados con el arte de su espíritu. No es lo primero y lo último a lo que debemos ser fieles? Pero tenemos miedo de que nos encasillen. Miedo de todo. Miedo al rechazo. Miedo al dolor. Miedo al abandono. Y, sin embargo, la vida sigue inmutable, sigue joven, eternamente joven. Somos nosotros los que pasamos. La gente sigue amando y odiando, naciendo y muriendo, viviendo. Qué más se le puede pedir a la vida que vivir? 

Ah. Esos filósofos serían como agua fresca para mi garganta seca, porque podría, oh, amigos míos! desahogarme con ellos, dialogar y crear algo nuevo, nuestro arte comunitario, conjunto, sin esperar nada más que el disfrute de su realización, del proceso. Sin inventar una gran empresa. Sin miedo a la competitividad, a ser superados, al materialismo, a la incompetencia de los demás, al cinismo, a la mentira, al desconocimiento. 

Ah, amigos míos, cuánto os amaría, filósofos del corazón. Mi corazón desespera sin vosotros. Venid a mi llamada. Yo os invoco. Sois mi esperanza. Sois mi futuro, porque todo lo que yo pueda dar os lo daré a vosotros para que lo compartáis. Esta es toda mi experiencia personal, lo mejor de ella. Yo siento en mi corazón que este es el camino correcto. Siento, a ciegas, que esta es mi única luz, salvo una luz más grande, más remota y profunda que lo ilumina todo de una forma que no puedo ni espero comprender. Esta vida no es para eso. Esta vida es para encontrar nuestra luz y mostrarla. Iluminar con ella todo lo que podamos. Eso es lo que creo. Esa es mi lucha. La lucha por el amor. 

Amigos míos. Yo lo doy todo por vosotros porque sé que el resto del mundo me ignorará. Busco amor. Amor por la sabiduría. Si es cierto que muchos sabios hablaron y dejaron su luz de alguna forma en el pasado. Este es el momento de la nuestra. Lo más difícil es encontrarla, encenderla. Iluminar con ella. Dejar que nos ilumine. Dijo aquel Bukowski: encuentra lo que amas y deja que te mate. 

Qué claridad y qué sencillez. Le amo y amo su sabiduría y su arte. Puede que fuera su momento, pero aún así le amo y amo su valentía. Los amo a todos. No quiero odiar a nadie. Sé que mi trabajo no es odiar. Mi trabajo es llegar hasta el final por mí mismo. Mi único apoyo no es de este mundo. 

Sé que muchos no me creeréis y que estas viejas cuestiones no han terminado de iluminarse. A lo mejor será por algo. A lo mejor tenemos que iluminarlas entre todos, uno a uno. La vieja idea de destino. A lo mejor estamos aquí por la misma razón, los mejores y los peores, más allá de las opiniones y de los juicios del tiempo. Sí, amigos míos. Eso es lo que arde descontroladamente en mi corazón. La certeza de que tenemos que seguir este camino creyendo en la verdad. No es la verdad lo que ha producido la vida, la misma verdad, todo su misterio, toda su complejidad, su belleza, sus combates y sus paradojas? Sí amigos mios, es la misma. Es nuestra vida, nuestra lucha. Nuestra verdad. 

A vosotros os llamo y os espero. Sois todo para mí ahora y espero encontraros. Es un llamamiento desde el corazón. Es toda mi ilusión y mi inspiración, porque las demás ya no hacen falta y no son verdaderas. Están obsoletas, son inútiles. Tenemos que buscar las nuestras. Este es el momento de aceptar lo que somos en realidad, más que nunca, de compartirlo y de no tenerle miedo, porque la única respuesta definitiva es el amor. La última palabra es el amor y no existe ni existirá otra diferente. Eso es, amigos míos. El amor por la verdad. 

Comentarios

Entradas populares