Realidad aumentada


Voy a arriesgarme y voy a vincular el origen de la realidad aumentada con el pensamiento simbólico. Situémonos. Las primeras poblaciones humanas eran cazadoras-recolectoras. Se han encontrado yacimientos arqueológicos con lo que se conoce como pinturas rupestres. En ellas encontramos motivos de caza, situaciones cotidianas de convivencia y demás.

La religión y el arte surgieron al mismo tiempo. Las primeras religiones eran animistas y estaban relacionadas con un concepto panteísta y espiritual de la naturaleza. En lo que se refiere al arte, la representación de la divinidad era clara: una madre tierra, madre naturaleza, madre creadora. A esto se le denominó sociedades matriarcales.

He vinculado inicialmente el pensamiento y representación simbólicas con la realidad aumentada por un motivo muy sencillo. Quiero defender que lo que muchos analistas recientes (y no tan recientes) dicen respecto al cambio cualitativo de nuestra especie es falso. En algunos miles de años no cambia una especie. Es un espejismo de la cultura con fines utilitarios, un delirio grosero y torpe, reticente.

Me explicaré mejor. Esas primeras representaciones de la realidad hacían que estas poblaciones se comunicaran y referenciaran mejor entre sí y para sí mismas. Las primeras sociedades eran menos complejas que la nuestra, pero esencialmente cumplían las mismas funciones. Esto es de sentido común y no tiene lógica discutirlo.

Es intuitivo creer (y me atrevería a decir que es una lectura más precisa) que la realidad aumentada transmite información con más rapidez, pero no la crea. Por tanto, podemos decir que ahora no se produce, necesariamente, más información que antes, sino que se transmite más rápido. Seguiré con la breve exposición y repaso.

Después de esas primeras representaciones vino la escritura. La literatura (litera- dura-: la palabra a través del tiempo) cumplió la función mencionada de la autocomunicación de una manera más profunda y eficaz. La literatura permitió que las sociedades se organizasen mejor, se civilizasen, si bien este proceso trajo consigo las quimeras que, como especie, aún no hemos sido capaces de solucionar en nuestro comportamiento y comprensión del mundo.

Personalmente, no me seduce la idea de nuestras limitaciones, pero creo que es honesto expresarlas con claridad, sencillez y sinceridad, si somos capaces. Hemos practicado la hipocresía por demasiado tiempo, cuando no la pereza u otros vicios peores. La realidad aumentada puede encontrarse, además, en el mismo conocimiento científico, de pretensiones objetivas que reflejan, de manera no muy distinta al arte, la profunda vinculación que tiene el hombre con su ignorancia. El hombre se comunica con el hombre.

Digo esto porque no hemos podido comunicarnos el misterio. Sabemos que está ahí, que existe, pero sólo hemos podido limitarnos a gesticular, a balbucear entre nosotros para entendernos, es decir, la comunicación tiene una función estrictamente estética. Yo no sé si el hombre evolucionará como especie, pero me parece desagradable e inapropiado que nosotros mismos nos engañemos sobre nuestra presencia en la naturaleza, nuestras limitaciones y nuestro supuesto progreso.

Cuando uno piensa, por ejemplo, en el avance industrial inmenso que se produjo en el XIX y el XX, en los progresos en la comunicación de masas, política, individual y social, piensa en la foto, el cine, los periódicos... debe admitir que se ha recorrido un largo camino desde la linterna mágica y sus cercanas hermanas mayores, las sombras de la caverna.

Siempre he querido ser religioso, pero admito que me cuesta seguir los ritos de mi época. Los siento extraños y forzados. Siento que, si hay un Dios, como yo creo que lo hay (la verdad, el ser) no es un dios personal, el dios de nadie. No es un dios social, tampoco el dios de una cultura ni de un tiempo. Yo creo que el ser tiene más formas de las que nosotros conocemos y podemos comprender, que estas formas son eternas y van más allá de las circunstancias materiales, porque éstas son procesos de cambio, de desenvolvimiento y no existen por sí mismas.

Digo esto porque siempre encuentro a mi alrededor el desprecio de la verdadera razón, el vencimiento de las pasiones, del cinismo, de la ceguera, y me siento en un compromiso que no me corresponde, porque sé que mi elocuencia es pobre, mis conocimientos, insignificantes, mis pensamientos, engañosos. Lo sé y me resisto a ocupar el lugar de no sé qué líder o icono. Creo que soy como cualquier otro y sólo lamento no comprender (o poder comprender) mejor mi naturaleza. Creo que es por algún motivo. Creo que vale la pena pensar en ello con más detenimiento, hacer una descripción más precisa.


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