Repetición
A ver cuántos piensan: no tengo lo que merezco. No creo a nadie que diga lo contrario. Miro a los ídolos y me envanezco pensando: yo sé cosas que ellos no saben. Si supieran lo que yo sé, no harían eso. Y, sin embargo, yo soy el que no sabe nada. Yo soy el que estoy aquí solo, dialogando conmigo mismo, esperando decirme algo nuevo. Enseñarme algo que no sepa.
Los diálogos son interiores. El mal es el primer motor. Ya no existe tal cosa como el arte. Sólo el arte de masas, prefabricado, mercantil, la mercadotecnia de la estética. Aquel arte no era más que el fruto de la exuberancia y la soberbia humana, como la torre de Babel. Ya sabemos cómo acabó. Pero no ha desaparecido. Sigue intacta, tanto como nosotros mismos. Diógenes sigue buscando a los buenos hombres con una linterna. Yo sigo escribiendo el infierno indescriptible para que me lean unos pocos. Ahora explico por qué.
Nosotros, los divulgadores (aunque creo que todos lo somos), buscamos ganar dinero, tener seguidores y huir de este complejo de inferioridad y debilidad que viene dentro del alma de cada ser humano, cada uno de ellos, grande, pequeño, talentoso, miserable. Todos somos la misma descarga extraña de la naturaleza. El mismo monstruo o ángel, con diferente rostro.
Lo que quería decir es que estoy enfadado por sentirme inseguro, habiendo estado, como tantas otras veces antes, tan seguro de mi mismo, de mi futuro, de lo que me rodeaba y de la mente de los demás. Todo funciona mejor cuando no piensas tanto en ello, cuando eres menos consciente de cuánto puedes equivocarte. No soy consciente de cuánto puedo perder. No hace falta. Es la mejor manera que se me ocurre de describirlo. Todos nos justificamos.
Otra cosa que no me gusta de nosotros, los divulgadores, es que estamos obligados a fingir y a mentir, a vestirnos de una fortaleza de la que carecemos para enfrentarnos a los demás, tan desesperados como nosotros. Hay algo de inmovilismo en mi interior. No he conseguido desnudarme ni detenerme por dentro. A veces, me horroriza la idea de que sólo persigo placer estético, en lugar de un nirvana sagrado, una experiencia religiosa. Son momentos tediosos para mí. Momentos infernales.
No puedo explicar por qué somos así y lo intento, lo intento sin descanso. Lo que se me ocurre es que los malos y los buenos presumen, que no saben por qué lo hacen y se enfrentan. Ellos producen los cambios. Nosotros los imitamos. No tengo ninguna habilidad técnica o ningún deseo de practicarlas. No quiero aportar lo mismo. Qué podría aportar que fuera nuevo? Nos encanta esta basura. La adoramos. Nos esclaviza.
Ya desde el principio era así. Lo malo era lo que nos hacía sentir que faltaba algo, buscarlo, obtenerlo, sin preocupaciones, sin elecciones. Todo era bellamente mecánico y vacío. En algún momento, nos socializamos y empezamos a razonar, empezamos a perseguir paradigmas sociales, a sufrir coacción, a deformarnos por dentro. De ahí surgió el ser hombre, un ser tortuoso consigo mismo.
Y ahora que somos mayores, todos estamos traumatizados porque perdimos el mecanicismo de nuestro primer momento y todo lo que podemos hacer es seguir adelante, perdidos, despedidos, como un peso muerto, proyectado, como la mierda que salpica cuando explota, sin motivo. No es mi última palabra. Creo en cosas más sublimes que esa, pero vomito esta queja, la vomito y no soy consecuente. No tengo cuentas que dar a esta gente que desconozco. No puedo controlar este deseo tan desagradable y oscuro. Tengo que sacarlo como sea, eliminar este mal, reducirlo, neutralizarlo.
Pero luego todo está mejor. Nos olvidamos del horror y seguimos con la vida cotidiana, comemos, hablamos, dormimos, nos reímos y vemos la tele o algo en internet, hacemos ejercicio, follamos. Todo está bien. La verdad es mentira, pero todo está bien. Sí. Hablo como los cínicos. Quién me va a detener? Busco atención. Creo que no llegaré a nada nuevo. Vamos a jugar un poco. A dónde vamos a hora? A quién toca imitar? Qué se debe obedecer?
Luego, están las personas que han elegido una vida más tranquila y nos ridiculizan a nosotros, a los bohemios, los que buscamos alternativas en este caos, luz entre toda esta oscuridad. Sí. Ellos se ríen de nosotros y son más cínicos que nosotros. Nos necesitan y no lo saben. Nosotros les entretenemos y les ridiculizamos a ellos y no pasa nada. Es como si fuera irrelevante de todas formas. No puedo sentirme completo ni hacerme sentir completo. Sólo sigo adelante y me vacío en el pensamiento. Me da asco sentir que todo no encaja. Me hace sentir una basura.
Bueno. Qué show veremos hoy para entretenernos? Quién va a hacer el payaso para complacerme? De qué películas, canciones, fenómenos sociales hablará para jactarse de su enorme conocimiento y talento para hacer reír, persuadir, disgregar, generar polémica? Sí. Ese mismo. Luego viene otro. Y otro. Y otro. Así, hasta el final de los tiempos. Y que nadie los destruya. Son los bufones del momento. Tenemos que darles un margen para que no parezca todo esto tan insípido y aburrido como realmente es, porque la infelicidad es el aburrimiento.
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