Justificación
Soy europeo. Un europeo vago. Tengo mentalidad de clase. Es lo más fácil. Me creo pobre. No encuentro el rastro que he dejado, mi rastro. Todos sus errores produjeron mis aciertos. Me siento solo y fracasado, abandonado. No sé a quién le importo, pero estoy convencido de que es un error. Sé que estoy equivocado. Una vida perfecta es una vida sin quimeras. No sé lo que fue mal.
Sueño con un mundo y una vida diferente. Tengo miedo de que cambie la vida, pero no ha cambiado. Sólo han cambiado mis sentimientos, mis pensamientos. Lo demás sigue igual, sigue como siempre. No encuentro ideales fuera de mí. Encuentro ofensas y torpezas, ridiculeces, tropiezos del pasado. No espero ser diferente. He perdido la esperanza y me siento desnudo. Es como si me hubiese arrancado algo por dentro y no pudiese volver a ponerlo en su sitio.
No me sirve una felicidad técnica, porque no es suficiente. No encaja. No está en su sitio. Todas las felicidades son móviles, como lo que las produce. Somos apariencias. Humos. Vacíos. No puedo arreglar la vida. Me he perdido. No espero encontrarme ahora. Se ha ido la magia y no espero que vuelva. Mi vida nunca fue perfecta.
Quiero curarme, sobrevivir, sentirme mejor. Encontrar algo que me importe de nuevo. Siento que lo agoté todo demasiado pronto. Que no debería haber sido así, que debería haber sido más tonto, despistado, más cruel, más pasota. Pero no sucedió así. Me he enfrentado a lo mismo que todos antes que yo. A la contradicción del abismo. La verdad es la luz en la oscuridad.
Soy realmente falso y débil, hipócrita. La gente suele mirar con recelo y desprecio a los suicidas, como si ellos mismos no se sintieran amenazados. En el fondo, me parece que es una manera de ridiculizar ellos mismos sus vidas, sus sentimientos. Saben que viven una mentira. No sé explicarlo mejor. No hace falta morir doctorado, ni investigador emérito, ni nada.
No sé cual es mi camino. Pensé que debía saberlo a estas alturas. Aún lo pienso. Es horrible. Siento que yo mismo me impongo un castigo que no merezco, pero no puedo evitarlo. Quiero aprender la lección. No quiero volver a decepcionarme. Ya no me creo nada. Me duele haber perdido la fe, no poder recuperarla. Tener que enfrentarme a esta raza de sofistas inferiores que me rodea, patéticos, desesperados, arrogantes...
Porque no concibo una vida sin ellos. Eso es lo triste. Llevan en mis días desde que nací. Simplemente, antes no podía saberlo. Mi cerebro no se había desarrollado lo suficiente. No puedo callarles la boca, ni castigarles. No conozco suficiente su dolor. Debe ser incluso mayor que el mío. Temo que ya no me importe más que la verdad utilitaria, que no tenga escapatoria.
Estoy bien por fuera, pero no por dentro. No sé qué me pasa. He recaído muchas veces en esta tristeza, genética, familiar, circunstancial, nacional. Me siento un fracasado, un inútil. Algo o alguien prescindible. Tengo miedo de ser el peor impostor o malagradecido, porque ya no temo ni espero ningún castigo. Yo mismo me lo estoy produciendo y ni siquiera sé el motivo.
Ya no espero amar a nadie. Amaría una mentira, una imagen. Otra quimera. Ya tengo demasiadas. Tenemos que recordar. Por eso huimos. Soy triste. Creía que sería mejor, pero no lo soy. Soy débil. No soy nadie. No tengo fuerzas para seguir luchando como hasta ahora. La vida sigue y mis sentimientos se quedan atrás, sean cuales sean.
No soy músico, ni escritor, ni orador, ni artista. Soy un ciudadano ignorante, otro relativista. Otro impertinente. Otra protuberancia de la civilización. Un paso intermedio que se borrará muy pronto. Yo hubiera querido ser un mejor ejemplo, creer en él más que nadie. Poder iluminar un poco las tinieblas, el camino de los demás.
Lo que encuentro ahora es que no quería sufrir, ni esforzarme, ni luchar. Sólo quería disfrutar, como cualquiera que haya conocido. Cuanto más me he acercado a la gente, mejor he visto sus defectos. Son exactamente los mismos que los míos. Simplemente, algunos eran más soberbios que otros y trataban de ocultarlos. Por eso los veía más claros. Tal vez era sólo mi mala idea.
No quiero esto. No lo quiero más. Quiero que sea fácil lo difícil. Poder dejar un legado en el que crea. Entender mejor la vida. Dejar de dudar de esta manera y sentir (estar tan seguro) que es un desperdicio anónimo. Quiero disfrutar de un momento nuevo, una compañía nueva, una historia nueva, sin preguntarme tanto como tendría que ser. Averiguando como es, simplemente. Enfrentarme a mi simplicidad sin argumentos ni trampas, ni escudos. Desnudarme, por fin, para siempre, y no volver a mirar atrás nunca más.
Comentarios
Publicar un comentario