Los impíos


Los impíos son los que exhiben su vulgaridad como si fuera sublime o sagrada. Como si fuera lo único santo. Es universal la ignorancia que nos impulsa a despreciar las críticas que evidencian nuestra estolidez. Como el hombre es una criatura ladina e insensata por naturaleza, a pesar de su milagrosa ventaja sobre las demás, esto no debería sorprendernos. 

Como por medio de una trampa divina, el hombre es incapaz de dominar su estupidez y de no ceder a ella. Esto no está exento de ironía, pero debería añadirse que él mismo no sabe de lo que es esclavo, pues sus pasiones no son más que la superficie. El corazón no se ve a sí mismo y sólo crece hacia fuera, hasta que se extingue. Si los universos son irrepetibles, todos existen y son simultáneos. 

Lo que quería decir de nuestra estolidez ya ha sido dicho muchas veces. Olvidamos a menudo que es más importante que nosotros creamos lo que deseamos hacer creer a otros. Si no, no surte efecto la mentira. Debe ser una mentira sincera, aunque parezca contradictorio. Parece un juego insustancial y, sin embargo, domina nuestras vidas por completo. Somos, después de todo, animales de costumbres. 

Algo que me cuesta no aplaudir es nuestra versatilidad. Admiramos u odiamos lo que no podemos cambiar. Ser fiel o infiel a la verdad no la cambia. Sólo la reafirma. Somos repetitivos y recaemos en lo que descuidamos. Además, nuestro orgullo es nuestro bien más preciado o, mejor dicho, nosotros somos el de él. Esto quiere decir que, a la hora de la verdad, no tenemos control sobre nuestras acciones, porque no advertimos la profundidad de las costumbres inconscientes. 

Sólo existe lo que ignoramos y a lo que prestamos atención. Nos cansamos de lo que amamos (o creíamos amar) y en eso consiste el milagro de la verdadera naturaleza. Nos permite seguir adelante sin estancarnos y es absurdo creer que el hombre no sobrevive a sí mismo. No sé por cuánto tiempo se repetirán nuestras locuras y si en algún momento podremos reírnos de ellas o ignorarlas definitivamente. Hasta ahora, ese momento siempre ha llegado. La locura existe por la razón y la mentira, por la verdad. 

No creo en un destino final, pero existe un destino presente y cuando huimos de él, llegamos más pronto. Esto significa que no podemos traicionar nuestra naturaleza ni nuestros sentimientos más profundos. Las excusas son vestidos que ni cubren ni abrigan. Por tanto, el camino es claro. Existe una verdad infinita. Existen infinitas mentiras. Por algún motivo, sabemos que existe la primera, pero la inmensa mayoría de los hombres, por debilidad y desconocimiento, por mala praxis, amará siempre más la segunda. 

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