Época y circunstancia
Sería una impiedad no avergonzarnos frente a nuestros maestros, sabiendo que no lo hemos aprendido todo, que no lo hemos aprendido bien, suficientemente bien. Me gustaría decir algunas cosas sobre el presente. La apariencia de lo falso sigue poseyendo nuestras vidas de principio a fin, como si no fuésemos más que vulgares títeres. Nosotros mismos, muñecos con los que nos cansamos de jugar.
Imagino una espiral de poder en la que vivimos hacinados en grupos, circuitos cerrados de los que es muy difícil salir. La clásica estructura piramidal, de equilibrio férreo, pero de movimiento frenético, en cada uno de sus estratos. Es muy difícil subir y muy fácil bajar. Los que somos ricos, creemos que somos pobres, porque hay gente más rica. Pero son menos. Somos buenos liberales, obedientes, corteses. Domesticados. Todo por la pasta.
Nos han metido el gol. Nos han educado como buenos sirvientes del poder. Nos convirtieron en serpientes, mientras creíamos que éramos corderos. Moriríamos por la falsa nobleza, porque tememos el verdadero conocimiento, el que está presente hasta la muerte.
Los principales problemas de la actualidad son la globalización y la guerra económica. La globalización es la optimización de los recursos humanos a escala global. Las empresas privadas utilizan cada vez mejor el Big data para lo que verdaderamente sirve: para reclutar piezas intercambiables para conseguir sus fines, acumular riqueza. El resto de su uso, se reserva a la alienación y al entretenimiento, la banalización de nuestra pereza, lo que algunos desvergonzados llaman esparcimiento. Pero no nos cansamos de nuestro asco, a pesar de nuestros esfuerzos, delirios y peripecias.
Peligroso es el hombre cuando es más ocioso. La guerra económica hace referencia a la cuestión de las naciones. Todo está inflado, exagerado y tergiversado en lo que se refiere a política y economía. Las instituciones supranacionales, sociedades de naciones y análogos tienen un carácter cada vez más simbólico y anodino. A veces, uno se encuentra cosas que dan risa y tristeza, pero la ofensa es inútil. Sólo existe como residuo, como fruto de la impotencia.
Sin embargo, parecería todo lo contrario a alguien que lo observa ligeramente, pues el poder del estado intervencionista crece con el tiempo. Esto quiere decir que unas pocas naciones en el mundo tienen cada vez más poder. Estados Unidos, Alemania, Francia, China, etc. Las naciones feudales por tradición. Parecen tan modernas, tan innovadoras. Admito que lo parecen. La guerra económica sustituye, por tanto, a la guerra material, napoleónica, para expoliar mejor recursos impunemente, sin miedo, sin pudor, sin medida. Eso lo dejamos para los jefes, que ya nos exprimen bastante. Que se preocupen ellos.
Los demás países son sus siervos. Unos mejores y otros peores. Lo que quiero decir es que se centran fundamentalmente en el sector servicios (como nuestro país) o están muy ocupados en resolver sus crisis humanitarias, políticas o de recursos, cuando no sus graves problemas de educación o de cultura. Es razonable, si no tienen tiempo para preocuparse por el cambio climático o el cuidado de las focas en peligro de extinción (como en Suecia). Algunos atrevidos fantasean con imitar los detalles más admirables de sus jefes, como si bastase. Como si no hubiese cuestiones más urgentes, profundas y preocupantes.
No me gustaría que el lector se llevase la falsa impresión de que domino estos temas. Soy otro ignorante. Los medios de comunicación son cada vez, desde mi punto de vista, menos fiables. Algo conozco sobre la materia, pero veo que es más importante lo que queremos creer que lo que creemos. Por una sencilla razón.
El individuo es perezoso y se incomoda muy fácilmente. Le cuesta centrar la atención, perseguir un objetivo. No es fácil ponerse de acuerdo. Negociamos con lo que no nos interesa, si tenemos opción. Si no, solemos imponer. Si estamos al borde de la aniquilación, si nos queda algo de sentido común, entonces retomamos la negociación. El hombre no es capaz de reírse suficiente de sí mismo. Por eso, cometemos siempre los mismos errores.
La economía es lo que tenemos y la política, cómo nos ponemos de acuerdo para usarlo. Las masas son tontas y peligrosas. Prefieren ser dirigidas, salvadas, anuladas. No importa que respiren o existan. Realmente, viven?. Siempre es lo mismo. Está muy estudiado. El individuo no existe. Existe una exageración de la masa materialista, mercantilista, individualista, no el individuo. El individuo es, o debería ser, a lo sumo, una mezcla equilibrada de inteligencias y conocimientos previos usada para un bien común, útil, digno, especial, único, cívico. Me refiero al individuo responsable, equitativo, justo.
Debería ser, en una palabra, racional, autónomo, consciente de sus fragilidades y de lo que debe hacer para gestionarlas sabiamente. Pero no lo es, y por tanto, ese individuo sólo existe como quimera, un reflejo inalcanzable de la pasión que nos ciega y nos ahoga, pero en la que, más allá de todos nuestros conocimientos y aspiraciones, sobrevivimos. Como si aún no hubiésemos aprendido la lección más sencilla (tal vez la única) y sólo hubiésemos llegado a ser una ironía de la naturaleza que nos ignoraba.
Debería ser, en una palabra, racional, autónomo, consciente de sus fragilidades y de lo que debe hacer para gestionarlas sabiamente. Pero no lo es, y por tanto, ese individuo sólo existe como quimera, un reflejo inalcanzable de la pasión que nos ciega y nos ahoga, pero en la que, más allá de todos nuestros conocimientos y aspiraciones, sobrevivimos. Como si aún no hubiésemos aprendido la lección más sencilla (tal vez la única) y sólo hubiésemos llegado a ser una ironía de la naturaleza que nos ignoraba.
Soy un idealista. Creo en el ideal, pero no lo he visto con mis propios ojos. He sentido reminiscencias que se frustran con el detalle más vulgar del presente. Me culpo a mí mismo, en primer lugar. No estoy suficientemente preparado. Estoy atrapado en uno de los estratos más bajos de la espiral y, desde aquí, mis preocupaciones más próximas, pragmáticas, son la de buscar un medio de vida y satisfacciones materiales que me alejarán, supuestamente, de padecimientos emocionales hasta mi muerte. Quiero ser algo más, pero no sé cómo conseguirlo.
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