Frases y párrafos
Yo soy consciente (lo prometo) de que mi amor por la literatura no cambiará el mundo. Sin embargo, aún siento un lacerante desprecio por aquellos que, dominados por una locura típica y exclusivamente humana, esgrimen falsos conocimientos, como escupitajos, en primer lugar hacia sí mismos, cuanto más intentan evitar y huir de su realización.
Son perseguidores de humo y de ficciones, pero las denuncian. No es esto hipocresía? No es esto contradicción, confundir los términos fundamentales, descuidarlos, fingirse máquina, disfrazar el orgullo y la vanidad de objetivismo? Qué diablos es esto?
Teóricos, sofistas que se creen científicos. Cómo se atreven a mancillar el nombre de pensadores que jamás comprenderán, a los que nunca alcanzarán (no en esta vida)? Lamentables son sus blasfemias y disparates. Triste es la pasividad y falta de lucidez de sus seguidores. Porque ni unos ni otros saben lo que hacen. Es un crimen que crean saberlo. Ignominia e iniquidad.
Yo también escondo cobarde mi insulto, pero es grande la repulsión que despiertan en mí estos bellacos y farsantes. Qué es lo que se han creído? Trato de sentir pena por ellos y sólo siento una especie de traición, de odio hacia la verdad en ellos.
Cuán grande habrá sido su dolor y decepción al saberse incapaces de alcanzarla? Porque doy fe de que esto es todo lo que les ha sucedido. No están desnudos, por dentro? No se sienten, acaso, más desnudos que los desgraciados que desprecian y critican? Enfadados o estupefactos, a alguien tienen que insultar. Parece que no saben callar, con tanta ocasión de hacerlo...
Se centran en detalles y vanidades. En estupideces. Da lecciones quien no tiene lecciones que dar. El hombre tiene una capacidad extraordinaria para fijarse en lo que no debe fijarse. Y para reproducirlo. Es decir, para eludir su obligación. Qué torpeza hay mayor que esta? Hay alguna que no sea equivalente? Qué es el hombre, si no se disfraza? Contadores de historias, gañanes, rapaces miserables...
Cuán grande debe ser vuestra soberbia, que habláis de grandes nombres, con gallardía, pero sin apenas ingenio, llenos de flaquezas, a cada cual mayores y más bochornosas? No les apoyo. Estoy contra ellos. Son mis enemigos. Lejos de mí sus mentiras y trampas. Lejos de mí sus oscuros sentimientos y torpezas. Lejos de mí los castigos que ya padecen, porque serán mayores. Mayor aplomo emplearán contra sí mismos, si llegan a saber lo que han hecho. Es decir, si llegan a horrorizarse o redescubrir el santo pudor de los verdaderos sabios.
Lo que siento respecto a ellos es esa condescendencia de los padres que se sienten desgraciados por no haber elegido a sus hijos, porque se escaparon de ellos sin mando, sin su ley. Sólo la de la naturaleza, siempre incierta y cotidiana. Extraña conciliación, porque el entendimiento abandona lo real cuando nos descuidamos. Cuántas veces te ha seducido la vida sin que te dieras cuenta? Incontables? Sucedía cuando ya te afanabas en deliciosas miserias.
Y cuántos corazones has tocado, y de qué manera, que todavía desconoces? Esta es mi declaración hacia los impíos. Que no sabéis lo que hacéis. Que el futuro os condenará al olvido o, tal vez, a la burla, porque os avergonzáis a vosotros mismos con calumnias y falta de dignidad. El sentido del honor que no es antiguo es falso.
Palabras vanas oigo salir de sus bocas y cerebros contaminados, de sus ojos dementes, de sus almas corruptas. Qué se puede esperar de esta generación de víboras? Sí. Parece muy sana por fuera. No lo niego. Por eso hablo de que nos vestimos de vanidades y de iniquidad. También suelto mi veneno, mi fuego, porque sé que no es divino, sino humano. Como el de estos individuos.
Tarde llegará el castigo para todos nosotros. Aún nos queda corretear mucho, hacer muchas faltas, muchas bestialidades, pues tenemos más de bestia que de intelectual, máxime cuando usamos el intelecto para campar como bestias, usando las palabras como mordidas, sacudidas, gruñidos y ladridos. Esas imitaciones salvajes son la sombra del pasado, impresa en nosotros como la culpa de las generaciones pretéritas, que persiste en nosotros para que la lección sea justamente aprendida.
No hay exceso en la verdad. Nosotros huimos de ella y nos escondemos. Pero nos alcanzó desde el principio y hacemos mal en intentar engañar a los demás. Ese burdo viaje de los simples de la estética a la estética me llena de exasperación y me hace morir un poco por dentro. El viaje, pobres necios, es de la estética a la ética, de la apariencia a la esencia, del no ser al ser.
Así será en toda circunstancia, eternamente. La dirección del tiempo es una, que es toda dirección. Hace falta decirlo más claro? Qué más pruebas necesitáis de lo evidente? Qué más aplicaciones? Qué más satisfacciones? Qué más vacuidades y fuegos fatuos?
Ni el arrepentimiento sirve a espíritus tan decrépitos como los vuestros. Ni la verdad más clara, a mis ojos, puede iluminar tanta oscuridad. Es que no veis que habéis caído en vuestra propia trampa? No quéreis verlo? Cuándo caerá definitivamente vuestro orgullo minúsculo? Para vosotros, oh, iracundos ignorantes, el Universo es un mar y nosotros, la espuma.
Y qué pasa si vuestros ojos son cuencas vacías sin tiempo, como vuestros corazones, y las palabras de vuestra negra lengua de serpiente? Dogmáticos holgazanes, que os escondéis tras los trabajos más engorrosos y discretos del mundo. Queréis pasar por intelectuales... pero quisisteis ser grandes artistas, y quedasteis frustrados, a la sombra de gigantes. Pero no a sus hombros...
Y qué os queda? El consuelo de los perdedores, denunciar lo evidente, luchas estériles, enredos absurdos con gusanos, porque amáis demasiado vuestra miseria para abandonarla. Generación incrédula de víboras. Vais a creer en el fuego de vuestra iniquidad, cuando ya no haya nada que destruir con vuestras sucias (y pequeñas) manos, andando y desandando por fuera, como demonios, mas que a vosotros mismos. Porque os quemaréis en el fuego que sois; y no quedará nada. Cómo, decidme, os arrepentiréis antes de desaparecer?
Porque no merecéis, a mis ojos, ser destruidos por nada superior. Bastan vuestras malas intenciones, vuestra mala disposición, vuestra falta de fe y de sensatez. Porque una no funciona sin la otra, si no es verdadera. Como digo, a mis ojos, no tenéis ninguna de ellas afinada y desentonáis. Cumplís una labor infame, como la de aquellos mendigos o siervos que recogían las heces de sus señores en los castillos, sus bajos fondos, sus fangos, llenos de pestes y suciedades, en la oscuridad y el anonimato. Por ventura creéis que sus maldiciones distaban mucho de las vuestras?
Ni una época como esta, llena de falsas luces e inmerecidas comodidades os puede satisfacer. Malditos seáis por siempre, y maldita vuestra semilla de maldad y de amargura, viles hombres. Tal título os ha sido dado por accidente. Lo despreciáis, creyendo que lo aprovecháis con avidez infantil e inconsciente, haciendo juegos de nada, con reglas estrictas de mayores. Lo perderéis todo y jamás habréis conocido lo mejor, porque lo ignorasteis desde el principio. Si es que no es un dolor narcisista, un resentimiento, el que os ciega el uso de razón.
No niego que debisteis sufrir, antes de morir en vida. Y no es eso una prueba que pocos superan? Qué término hay al sufrimiento verdadero, si es que no ha sucedido todavía? Pero son mis palabras las que me acobardan, no las que me agracian, porque me alejan de la realidad y yo quiero sumergirme profundamente. Sólo diré que malditos seáis por siempre y maldito vuestro corrupto y descarriado mensaje.
Detrás de esa débil aplicación, casi inexistente, de las categorías aristotélicas, yace una opinión (muy humana) que a mí me parece estrafalaria. Esa es la esencia materialismo filosófico, sin tapujos ni mojigaterías, la que está cada día más cerca de convertirse en otra doctrina degenerada, si es que no lo ha hecho ya. La que se "fortalece" con sus críticas. Presuntuosos sinvergüenzas. Inicuos charlatanes. Ahí acabo de lanzar mi escupitajo hacia vosotros, sin perdón o humildad que pueda profesar, falsos en cualquier caso. No creo que sea mi responsabilidad. La tolerancia es un eufemismo de la impotencia. Si no quieres quedar en ridículo, lo que no entiendes, no lo esgrimas.
Qué sabrá usted lo que sentía Mähler al dedicarle diez o quince horas diarias a componer una sinfonía, si no era placer? Me da miedo pensar el compromiso que usted cree que debía tener el artista con su obra. La Naturaleza no le ha dotado a usted del genio creador de los que dice saber tanto. Jamás escribirá un Quijote ni entenderá lo que realmente significa. Hace falta ser más que un impotente y un polemista para comprenderlo, para acercarse lo más remotamente.
Todavía finge compañerismo y caballerosidad con arrogancia, como si realmente fuese necesario. Quién necesita darse importancia? Quién lo intenta? El que esconde detrás de los argumentos más sólidos ensañamiento insaciable. Incluso, me atrevería a decir, una especie de locura muy peligrosa, porque es perversa. Si usted no cree que todo verdadero arte es platónico, es que no tiene ni idea de arte.
Conocer mejor nuestra necesidad, la de todos, está reservado a los mejores. Eso es realmente honorable y digno de admiración. Los demás pueden contentarse con sus quejas y provocaciones. Quiénes son los discípulos de Bueno, ese ilustrísimo apóstata? De dónde vienen? A qué verdad sirven? Con qué migajas se conforman, adónde miran? Quién les hace caso? Quiénes les ignoran? Un desgaste demencial me parece su farsa y toda la pompa de su discurso.
Detrás de esa débil aplicación, casi inexistente, de las categorías aristotélicas, yace una opinión (muy humana) que a mí me parece estrafalaria. Esa es la esencia materialismo filosófico, sin tapujos ni mojigaterías, la que está cada día más cerca de convertirse en otra doctrina degenerada, si es que no lo ha hecho ya. La que se "fortalece" con sus críticas. Presuntuosos sinvergüenzas. Inicuos charlatanes. Ahí acabo de lanzar mi escupitajo hacia vosotros, sin perdón o humildad que pueda profesar, falsos en cualquier caso. No creo que sea mi responsabilidad. La tolerancia es un eufemismo de la impotencia. Si no quieres quedar en ridículo, lo que no entiendes, no lo esgrimas.
Qué sabrá usted lo que sentía Mähler al dedicarle diez o quince horas diarias a componer una sinfonía, si no era placer? Me da miedo pensar el compromiso que usted cree que debía tener el artista con su obra. La Naturaleza no le ha dotado a usted del genio creador de los que dice saber tanto. Jamás escribirá un Quijote ni entenderá lo que realmente significa. Hace falta ser más que un impotente y un polemista para comprenderlo, para acercarse lo más remotamente.
Todavía finge compañerismo y caballerosidad con arrogancia, como si realmente fuese necesario. Quién necesita darse importancia? Quién lo intenta? El que esconde detrás de los argumentos más sólidos ensañamiento insaciable. Incluso, me atrevería a decir, una especie de locura muy peligrosa, porque es perversa. Si usted no cree que todo verdadero arte es platónico, es que no tiene ni idea de arte.
Conocer mejor nuestra necesidad, la de todos, está reservado a los mejores. Eso es realmente honorable y digno de admiración. Los demás pueden contentarse con sus quejas y provocaciones. Quiénes son los discípulos de Bueno, ese ilustrísimo apóstata? De dónde vienen? A qué verdad sirven? Con qué migajas se conforman, adónde miran? Quién les hace caso? Quiénes les ignoran? Un desgaste demencial me parece su farsa y toda la pompa de su discurso.
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