Rubius




Ya no puedo aguantar más las ganas. Quiero hablar de uno de los youtubers más famosos de la actualidad. Se trata del Rubius. Todo el mundo le conoce. Es un joven que empezó a hacer de gamer hace unos años, cuando empezó Youtube y ha tenido un éxito descomunal. Con la fiebre que desata y lo que ha ido perfeccionando su método, por mérito propio e imitación de otros youtubers mejores y anteriores a él, se me antoja una especie de Beatle del siglo XXI, salvando, evidentemente, enormes distancias. 

Envidio su fama y su suerte. No encuentro fallos a la suerte que ha tenido. Siento una gran impotencia por no dominar como él las nuevas tecnologías, la obsesión y el amor por ellas, por la moda, por lo superfluo. Es algo a lo que debo rendirme, porque no soy capaz de comprenderlo. He conocido a mucha gente como él que jamás hubiese dicho que iba a hacerse famosa por nada. 

De hecho, llegué a sentirme muy superior a ellos, en mi enfermiza vanidad. Ha viajado por muchísimos países, hace algo que le gusta y lo hace bien. Habrá conocido a miles, cientos de miles de personas. Le adoran, enferman por él. Es un joven que hace vídeos de risa, de entretenimiento, que refleja exactamente lo que busca la sociedad ahora. 

Quién podría resumirlo en una triste entrada de blog? Él y su séquito son como unas tortugas ninja que entran, desordenan y frivolizan cualquier entorno, lo vuelven gracioso, "innecesario pero que mola", en sus propias palabras. Da lo que la gente pide. Gusta. Lo difícil, el misterio es ganarse al público. Atrapa y encandila a los adolescentes, a los que se sienten o quieren seguir siendo como adolescentes. 

Es rápido y es muy eficaz. Es experto en lo que hace. Ha mejorado y se ha acomodado. Qué importa si pasa su fama? Quién podría olvidar en tan poco tiempo su influencia en el mundo popular? Quién no dejará de imitarle, de seguirle, aunque él no haya inventado las muecas de Jim Carrey, el humor flash, el humor absurdo o surrealista, las imágenes intercaladas, los sonidos estrepitosos? 

No puedo rebatir nada y es inútil que lo haga. No puedo decir que su jugada haya sido maestra y es evidente que ha surtido efecto. No creo que él llegase a imaginar que alcanzaría esta fama, esta rutina, esta vida. Muchos hemos soñado con ser como él antes de que fuera una persona pública, pero no nos atrevimos. Aún sentimos, quizá por pura ilusión, que tenemos mucho dentro. Pero él, como tantos otros, lo hace mejor cada día, aunque no aporte nada nuevo, aunque repita la misma fórmula, los mismos chistes. La misma historia. 

Nadie podrá quitarle mientras viva su fugaz estrellato, su recorrido por la vida de los demás, tan profundo y simple, al mismo tiempo, tan desconcertante, tan original, intrépido e irreverente. Parece una película de los ochenta. El sueño cumplido de un nerd que conquistó el mundo digital, que aún vive en un sueño, pero que existe en la vida real, que es de carne y hueso, que se ha convertido en el héroe, el mito de millones de personas que aspiran, sin la menor duda, a ser como él, a convertirse en su sucesor. 

Cuántas noches dedicó a pensar en sus sueños? Cuánto distan de lo que son ahora, de lo que es el sueño real, cuando ya ha llegado? Es un fenómeno de masas y no puedo negar que alguien así basta para sacar una sonrisa, hacerte sentir cómplice de su travesura y su buen humor, de su calidad personal. No sé cuánto habrá fingido ni cuánto habrá refinado lo que los demás quieren ver en él y tampoco tengo la menor idea de cuántas inteligencias, porque las hay, más y menos profundas, habrán detrás de su éxito y de su marca, pero deben de ser muchísimas. 

No puedo explicarme que exista alguien así. Desafía todos mis valores y mis creencias a un nivel que no puedo explicar. Siento que no puedo condenarle y que sería inútil. Apenas tiene 25 años y ha viajado por más países de los que yo visitaré en toda mi vida. Habrá tenido más fans, más amigos, más experiencias inolvidables, únicas, curiosas, especiales, de las que yo he tenido en toda mi vida. 

El hecho de que exista gente así, con un talento tan cuestionable, tan adaptado a una moda específica, le hace sentir a uno, a todo su esfuerzo, todo su amor y su miedo, muy pequeño. No sé explicarlo mejor. Ojalá pudiera entender la sencillez con la que se entregó a su pasión para los demás, pero no lo entiendo. No entiendo cómo la verdad puede desarrollarse de una manera tan compleja, tan contradictoria, tan desafiante, para los que, al parecer, más pensamos en ella. 

El mundo parece seguir igual. A nadie parece importarle. Si creen que tienen tiempo para seguir a gente así, para divertirse con ellos, a través de ellos, en qué lugar nos deja eso a los que queremos llegar más lejos, aprender más cosas, leer más libros, hablar con gente más inteligente, más sabia, más importante, para mejorarnos a nosotros mismos, para compartir experiencias mejores? En qué lugar nos deja, si todo aquello no es más que una ilusión hedonista de salvaje realismo que vende un mundo material siempre inalcanzable, inmutable, insatisfactorio, insaciable, cada vez más rápido, que se esfuma y se deforma con más facilidad? 

Lo que quiero decir es que siento decepción de mí mismo por culpa de gente así, porque, admirándoles, porque lo hago, secretamente, siento que me traiciono, que no me involucro suficiente en el mundo y que no robo, de manera suficientemente eficaz, el amor de los demás. Y qué más, diablos, puedo hacer, si tan fervientemente lo deseo? Porque sé que esta tentación seguirá por mucho tiempo. El resto de mi vida. 

No busco retirarme. Busco ir directo al centro del problema. Me embiste esta sed de eternidad que sé que habita en todos los corazones. No es eso lo que nos despierta y lo que nos quita el sueño? Tienen más energía que yo. Se me escapan de las manos. He conocido muy poco de sus vidas. No estoy suficientemente ejercitado. Apunté demasiado alto. Existe tal cosa, viendo estos panoramas tan increíbles a los ojos? Es magia, es trampa? Qué diablos es? 

Retirado, en un sitio escondido del Mundo, digo que esto sucede en la riqueza. Que la riqueza es divertida y la pobreza aburrida. Digo que, quizá, muy a mi pesar, no tenemos más opción que dudar de nuestra austeridad y del temor a lo desconocido, porque estas cosas pasan y son reales, son profunda e inexorablemente deseables, y el hecho de ignorarlas no va a hacer que desaparezcan. Probablemente lo deseemos más. 

Si este mundo está destinado a seguir la sombra de unos pocos privilegiados, cuál puede ser el destino de los mortales, más que el de competir entre ellos, cada uno en su campo y habilidad, para alcanzar los máximos honores, los más altos rangos? No puedo resistirme a esto ahora. Siento que puedo o debo estar equivocado, pero me da igual. No puedo aguantar la presión. Está en lo más profundo de mí. 

La falta de organización, de iniciativas, de apoyos, de empujes, de imaginación, me ha dejado muy atrás en esta carrera enfermiza. Sé que no estoy preparado y no sé lo que llevo dentro, lo que puede ser valioso, la información que podrían explotar ellos en su favor, en el mío, porque, si esto es todo lo que soy, si esto es todo lo que hay para mí, qué más me queda? a qué estoy esperando? 

No sé qué ni cuántos pasos tendría que dar para encontrar mi mejor, mi verdadero camino. Es como empezar de nuevo. Como empezar a caminar, como olvidarlo todo por completo, como empezar a aprender lo más básico, aunque cueste y sea doloroso, aunque no podamos hacerlo solos. Todos necesitamos apoyos e ilusiones. Nadie empieza de cero y las apariencias engañan. Nadie conoce su destino. 

Sería muy fácil decir, simplemente, que no tendríamos que esforzarnos en alcanzar algo tan fortuito, tan casual, tan misterioso y caprichoso como lo que he comentado sobre este reciente fenómeno de masas, pero la verdad es que dista mucho de la realidad negar que es un deseo, puramente narcisista, por qué no reconocerlo, sentir el calor, el seguimiento, el apoyo, la atención de tantas personas, deseando saber tus pensamientos, opiniones, inquietudes, decisiones, influencias. Siento que hay un desperdicio para nosotros provechoso para la naturaleza. El límite es el desconocimiento. 

Ojalá pudiera verlo de otra manera. Lo que siento es que es algo irresistible admirar lo excelso, sea cual sea la forma que tome, el momento en el que se encuentre. Negar que estos jóvenes son un efecto directo y claro de la época, tecnológica, social, política, económica en la que vivimos es negar la realidad de plano. Por la parte que me toca, toda mi vida he soñado con llamar la atención de una manera poderosa, en una película, en un espectáculo, ser la estrella. No lo he conseguido. Pocos, casi nadie me conoce y siento que me he decepcionado muchísimo. Siento que lo que consideraba talento en mí ha desaparecido casi por completo o se ha ocultado en el desgaste del tiempo. 

No quiero que pase esto. Si pudiéramos elegir, no elegiríamos esto. Elegiríamos una especie de eterna juventud, que es lo que siempre representamos por todas partes, lo que llevan representando todas las generaciones y sociedades humanas desde su principio, porque amamos la vida y la vida es joven. Porque no aceptamos el sometimiento de lo inexorable y desconocido, las fuerzas más profundas de la naturaleza bajo las capas que forman y empujan nuestras vidas, la vida, la única vida de la que tenemos noticia, de la que surgen todas las ilusiones materiales que nos curan y nos envenenan por igual, indivisiblemente. 

Siento que otros han alcanzado lo que yo no hubiese alcanzado con todo mi esfuerzo. Es tan fácil imaginar para mí un enorme esfuerzo detrás, como el ademán más simple y cómodo en sus elecciones. Cuando me divertía, lo hacía por recreación. No entiendo el devenir del mundo, menos cuando surgen este tipo de retos, en toda regla, que ponen en cuestión todo lo anterior de una forma tan decisiva y clara. 

No sé nada de la fuerza que hay en mi interior, que me impulsa a escribir esta debilidad, esta desesperación. Siento que quiero dar algo, salir ahí fuera para ver, decir, oír, lo que nadie antes que yo, hacer algo que sea mío, sólo mío y de nadie más, pero es lo más difícil de todo. No hay nada más difícil que conocerse a uno mismo. Mientras tanto, uno sueña con hacer las cosas que se ven cada vez más claras en el recorrido de estos ídolos de carne y hueso, infames, intocables, absolutamente vencedores, en apariencia, en los que no parece haber hueco que valga, porque todo les sale bien, todo les sonríe. 

Siempre están alegres, siempre se ríen, siempre gustan, nunca defraudan. Qué podemos hacer los filósofos, los que nos creíamos o queríamos creernos tan justos, frente a ellos, impotentes, con los dientes largos, deseando exactamente lo mismo que todos los vagos y cobardes hasta ahora, los más hipócritas, durante miles y miles de años? 

Cuándo ha estado más cerca la riqueza material que ahora, de cada ser humano sobre la tierra? Cuándo ha habido más posibilidades de cumplir los sueños, sean cuales sean? Son tan diferentes? En qué lugar deja al calvinismo esta avalancha impresionante de materialismo e indecencia, por todas partes, miremos a donde miremos, cada vez que pensamos, hablamos, sentimos, actuamos? En dónde? 

Hablo de esto porque no tengo nada que decir sobre ello. Supongo que, tristemente para mí, es mi mayor pasión. Dejar un legado que refleje algo de mi alma, de la capa más profunda a la que llegué de él, antes de que cruzara el misterio de la muerte. Ojalá fuese capaz de enfrentarme de otra manera a la vida, pero no puedo. Lucho con todas mis fuerzas y no soy capaz de rendirme. La vida es una lucha por la vida. 

Tenía muchas ganas de convertirme en alguien así, pero no me tocó, no eran mis cartas. Mi vida fue, probablemente, muy parecida a las suyas, pero la gente no lo sabrá, no lo sabrá, porque no soy tan efectista, ni tan brillante, ni tan especial como quiero ser. Soy como soy, y me da miedo el destino, el fracaso, lo inmutable, lo incorregible. 

Tuve una vida normal, porque todos somos gente normal. Al final, todos hacemos lo mismo. Sólo existe gente normal. Por qué, entonces, no podemos dejar de soñar con lo extraordinario? Si todos lográsemos, sin el menor esfuerzo, por ciencia infusa, toda esa suerte de privilegios, riquezas, famas, glorias que ahora gozan estos individuos, qué codiciaríamos? qué nos quedaría? qué nos diferenciaría?

Hace poco, escuché a uno de esos charlatanes positivistas, hablando de los nuevos tratamientos de la depresión, de su eficacia y de lo que se parecerían al soma de Un mundo feliz. Lo que me gustaría preguntarle a ese señor, si fuera dado a la polémica banal y estúpida, es si se harán pastillas para autorrealizarse sin riesgo, siendo uno mismo, teniendo el máximo éxito o creyéndoselo, porque lo más importante es creérselo. En una palabra, si se inventará una pastilla que destruya definitivamente al alma humana, su misterio. 

Sé que me siento más débil que nunca y que algo en mi interior me impide detenerme, dejar de creer en mí, de delirar y ser inconstante. No tengo la menor idea de las decisiones que tomaré en el futuro y sé que me quedan muchas equivocaciones por cometer. Esta es una de ellas, pero llevaba muchísimo tiempo queriendo cometerla. 

Quiero decir que me parece personalmente injusto que alabemos a gente como él, por fuerza, por coacción de grupo, por gratuidad, en lugar de admirar a gente que, en mi humilde opinión, se lo merece muchísimo más. Admito que es discutible, que es fácil pensar que esta gente entretiene y nada más, que no buscan ejemplarizar, pero se convierten ellos mismos en ejemplos. No veo que su peso les destruya. Veo que les hace más poderosos, más influyentes, más gallardos. No lo soporto. No me lo explico. 

El mundo es una gallina. Cacarea y es cobarde. Son recíprocos. Ama el espectáculo barato y tiene que ser barato. Tiene que ser increíble, no creíble. Tenemos que despotricar a través de las imágenes. Qué exactitud está detrás del reflejo tan claro, tan preciso de nuestras pasiones en la pantalla y luego, en nuestras cabezas y en nuestros sueños? Los estudios de mercado, los cambios de formato en la tecnología, la irreverencia del ser humano, que todo lo mezcla, lo trivializa y de lo que excluye su valor? 

Jugamos hasta que morimos? Somos juguetes para nosotros mismos, la naturaleza, todo su contenido? Está la gran verdad sobrevalorada? A quién pregunto esto, si no creo en los psiquiatras y Schopenhauer, Freud, Nietzsche, Einstein, Pascal, Kierkegaard están muertos? Pero los youtubers no les conocen, no les han leído. No han intentado imaginar sus pensamientos más ambiciosos. No han estado debajo de su piel en la Imaginación. El grueso de ellos. Y no importa. La cultura es para unos pocos. La incultura es para todos. 

Qué cambio yo, que soy un maestrucho que aún no ha empezado a dar clases, que no termino de hacerme críticas a mí mismo, por no ser éstas suficientemente eficaces, que no termino de producir la catarsis en mí para huir como los demás y esconderme de mí mismo, huir a cualquier parte, si es que todos somos chispitas irrepetibles de un fuego eterno y divino que no termina de manifestarse, criaturitas del Señor, al que le gusta jugar al escondite para cumplir sus fines más ambiciosos?





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