Monstruos
Estoy obligado, sometido a asomarme al mundo de nuevo. Aunque mire en mi interior, sigo viendo sólo el mundo. Dentro y fuera, este laberinto de espejos distorsionados. Quisiera creer otra cosa, verlo de otra manera. A mis ojos, la credibilidad ya no existe. Nos engañaron; nos engañamos.
El mito es el límite. En los anuncios, las películas, la música, las conversaciones. Ellos también buscan esconderse en algún lugar donde reposar sinceros. Estamos desnudos por dentro. No tenemos escapatoria. A veces, como hoy, pienso que no he caído todavía en ningún abismo definitivo y que hubo influencias incontrolables desde el principio, antes de nacer. Soy la extensión carnal de mis padres.
Hoy quisiera sentir que el lenguaje nos salva de alguna manera, pero no lo creo. Nos enreda. Nos pierde. No era su misión primordial. No era el discurso oficial. La dialéctica no es política. Rompe barreras. Nos damos cuenta demasiado tarde. Todo sigue adelante en cualquier dirección. No existe otra. Los reflejos son como rayos. No se repiten. No se atrapan. No terminan de limitar. De deslumbrar.
Siento una enorme envidia por los que se adaptan. Parecen tan tranquilos y felices, tan mansos, por dentro. Parece que su lucha contra los demonios fuese mejor que la mía, más brillante, más eficaz, más popular, mejor aceptada. Quiénes somos cuando nos unimos, que nos despersonalizamos de esta manera? En qué nos convertimos?
Ahora, me doy cuenta de que me quedaba atrás cuando éramos niños. Prefería soñar. Aún no he terminado. No sé lo que es la vida. Le pusimos nombre a las cosas sin saber lo que eran. Ahora, veo poesía inexpresable por todas partes, poesía cotidiana, inútil, anónima, caduca.
Era un niño que no conocía su herida todavía, que él sólo era otra herida del mundo. Adónde grito ahora, si no me queda esperanza? Enredos vanos, por todas partes. Escondo mi vano tesoro y se me acaba el tiempo para gastarlo, para disfrutarlo o exhibirlo. Se me han ido las fuerzas. No sé lo que me fortalece y lo que me llena, pero sigue sucediendo. Soy, he sido y seré un ser humano. Un ser finito.
No encuentro perdón. No encuentro verdad suficiente. Es una droga invisible mi pensamiento. No me deja descansar. Sé que me acerco al final. No puedo dejar nada importante. Si descubres algo, es para siempre, si no, es que no has descubierto nada. Continuará esta época de espejismo, soberbia y desesperación. Moriré y se acabarán mis juicios injustos, mis iniquidades, mis ilusiones vanas.
Por qué me siento así? Porque el mundo es hoy el mismo enigma de siempre, el enigma de los tiempos. No encuentro tregua. No encuentro lugar donde reposar. Mis recuerdos me devoran poco a poco, me van frenando. Me matará la culpa de haber nacido como soy. La pasión es mortal. Pienso sin descanso. Veo luces que no brillan aquí abajo. Luces en mi corazón, tan antiguas como el tiempo. Luces que desprenden serenidad y equidad. Nada feo como todo esto. Trampa, mentira, danza macabra, insustancial.
Esas luces secan mis lágrimas, abrazan mi llanto, me consuelan. Esas luces proceden de una gran luz, la última luz. La primera. Al final del camino, me esperará risueña, más risueña que mis hermanos miserables, cercanos y lejanos. Mis hermanos mortales. En ella, veré con más claridad que nunca todos mis errores, porque su luz los iluminará todos con poder inconmensurable. No estaré más aquí. Quedará aquí todo el desprendimiento de mis bandazos, de mis vacuidades y miserias punibles.
A veces, me impaciento. No espero nada nuevo bajo el sol. Los desesperados engañan como cada día. Culpan a otros como esquizofrénicos. Locos y poseídos por su vanidad. Les soporto. Espero con paciencia e impaciencia humana. No puedo hacer otra cosa. A mí también han de soportarme y la imaginación no me salva, no me basta. Veo monstruosidades que no esperaba llegar a ver, que no sabía que existían. Son detalles tan insignificantes que me llenan de pena y melancolía. Nos veo a nosotros, a todo lo que nos alcanza y nos posee. Todo lo que nos afana y nos agota.
Espero otra verdad, porque sé que esta es una mentira insoportable. Me siento envenenado y exhausto. No puedo con esta carga solo. No soy justo y no espero poder serlo. A la sombra de mi propia soberbia, soporto nuestro desconocimiento, nuestra mortal ignorancia. No he cruzado todos los umbrales. No he iluminado todas las tinieblas. No soy la primera y la última luz. Estoy en medio, maldito, solo y a prueba. Sólo tengo una esperanza imperfecta y esforzada. Una mueca ridícula de mi llanto más profundo. Un sacrificio sincero que ya no deja lugar para nada más.
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