Miley







¿Cuándo hemos dejado de vivir a través de los demás? En otra de mis sesiones tediosas de consumo en internet he visto un vídeo de Miley. Miley es una joven de veintipocos que es cantante profesional. Es mundialmente famosa y ejerce un rol bien conocido: el rol de famoso mundialmente reconocido, concretamente americano. 

Ya es bastante triste soltar pestes inútiles por aquí, así que trataré de ser lo más conciso posible. Siguiendo un poco la línea de mi crítica habitual, interpreto que el americano que se dedica al entretenimiento tiene un nivel de alienación, de ensimismamiento y de exhibicionismo en el exceso que no parece conocer límites. 

Decir que estos ídolos humanos están completamente absorbidos por una etapa de absoluta desconexión con lo más mundano y vulgar, con el mundo real, por decirlo así, es quedarse corto. Aún no soy capaz de darme una explicación que me convenza sobre este fenómeno y sé que hay muchas cosas que se me escapan. 

Continuamente, trato de imaginar a gente mucho más inteligente y discreta, más responsable, que simplemente ignora a estos individuos. Sin embargo, luego bailan sus canciones, fingen convencionalismo, les toleran. Yo no sé hasta qué punto son una imposición del mercado o de las modas, ni hasta qué punto son pura espontaneidad de la superestructura de nuestra sociedad. 

Es como si se hubiera cogido a las flappers de los años veinte y se las hubiera multiplicado por mil. Se sabe perfectamente en qué consiste el recreo individual, pero el rito chamánico de la banalidad, del placer por el placer, del corte de mangas a todo y a todos, de las riñas absurdas y frívolas entre los alienados, los descerebrados, no termina. 

Todos tenemos que padecer esta época de borrachera espiritual porque es imposible abstraerse de ella. Las pantallas se multiplican y se hacen más íntimas, más específicas, de más calidad, más rápidas. Internet nos ha hecho creer a todos que lo que no está en pantalla, no existe, literalmente. El que niegue esto es un mentiroso y un hipócrita. Todos estamos en internet hoy, pero más lo estaremos mañana. 

Además, es una especie de mentalidad del pánico. Somos nosotros los que recurrimos a esto, en busca de atención. Somos nosotros los que tenemos miedo de quedarnos atrás o de no estar a la última. Yo, por ejemplo, tengo miedo de no ser fiel a mis principios, pero siento que no dudo lo  suficiente de ellos, que no soy suficientemente crítico con ellos. Que deben destruirse para crearse. Cuando el hombre no entiende algo, lo divide en partes, lo más pequeñas posible, lo cataloga, le pone nombre. Habla de ello todo lo que puede, porque le preocupa y no lo puede vencer. Eso es lo que me sucede. 

Siento, por otra parte, que no veo las cosas aún de la manera en que necesito verlas. Me repatea esta impotencia, presenciar este desperdicio de inteligencias, de anulación individual y grupal, esta chavacanería que se aleja tanto de la santidad de la humildad. Yo sé que suena muy radical y puritano. No quiero alejarme de la realidad. Lo que tampoco quiero es destruir lo que, a mi parecer, es más justo que esta locura. 

Simbólicamente, uno podría pensar que es como entregarse a los lobos. No es que ellos vengan a devorarte. Tú te dejas arrastrar y despedazar, porque no puedes vencer la fuerza, la inercia de este momento. No ignores nada del presente, sobre todo lo más llamativo, lo más ruidoso. Qué hay detrás? Qué sentimientos y personas? 

El drama termina en nosotros, en nuestras ideas erróneas. Si algo no es suficientemente práctico, termina desapareciendo. La inteligencia es creatividad. La riqueza es líquida y cambia de manos. La vida es calidad, no cantidad, y todos nos quedamos atrás, a pesar de todo el ruido y la pantomima que hacemos, especialmente los más ruidosos y patéticos. Pero, no somos nosotros los que les admiramos, los que les colocamos en su pedestal, casi sin darnos cuenta, consciente o inconscientemente? 

A veces pienso que todo está estudiado y descubierto, inventado. Pienso que todo está tan estrictamente mecanizado que no queda lugar para la inocencia o la santidad de un corazón humano. No es puro, es contaminación desde el principio, contaminación espiritual, mímica, fantasmal. Y los fantasmas se van como el humo, exactamente igual que como llegan. 

Cómo sería una vida como la de ellos? Dónde termina ese falso talento, ese número de caprichos y mentiras? Dónde termina esa cortina de abundancia que oculta el miedo y la desesperación? Ahora, me vienen a la mente los suicidas y, a decir verdad, pienso que todos deseamos ver caer y castigar a los demás, siendo unos hipócritas. Porque el hombre es débil y mezquino y su salvación está en su humillación, en primer lugar, no en la red de excusas y argumentaciones que lo lían en su propia alienación y autodestrucción. A eso lo llaman vida, cuando deberían llamarlo muerte. 

Se cree hábil cuando está siendo más fatuo, más previsible. Salen en su defensa los maquiavélicos, los controladores, pero ellos son los primeros que se autodestruyen, los que se precipitan. "Tenemos una riqueza insuperable", pero pasan a la historia como los más vergonzosos y la historia sabrá que eran impostores, mejor que cualquiera de nosotros ahora. Hasta los más perspicaces están absorbidos por la vorágine, por la marabunta de gente desbocada y desenfocada. Gente que es sólo gente. Masas confundibles con lo más bajo. 

El hombre necesita líderes humanos o divinos. No importa si son buenos o malos. Las convenciones lo deciden. Antes, también había gente que se rezagaba y se quedaba atrás. A nuestra época, ni siquiera han llegado sus nombres y yo no creo que el positivismo nos salve. Creo que nos condena. La salvación está en el interior. Lo difícil es pensar bien. Lo fácil es pretender aplastar el mundo con cinismo, resolverlo al trancazo, a regañadientes. Sí. Eso es lo más fácil y lo más triste. 

Gentes impunes disfrutan de grandes bienes sin pudor, sin decencia, sin culpa punible. Pero son culpables. No lo somos nosotros también, villanos a medio camino entre estos ladrones de sueños y los desposeídos, los intocables, los inexistentes? Sí. Los animales-hombres, los grandes desconocidos, los sufrientes. Los mártires que nadie corona, que nadie protege, a quien nadie le importan. 

Seguimos viendo el gran teatro del mundo, el show de la vanidad, como si la cosa no fuese con nosotros. Como si así pudiésemos callar al dragón que tenemos dentro, detrás de todas nuestras torpes trampas, diciéndonos: se te acaba el tiempo. Sigues haciéndolo mal. Diciéndonos que no hemos encontrado aún lo mejor de nosotros mismos, nuestro sitio, nuestra locura exacta e indivisible, eterna. Nuestra super-humanidad. Alegremente, uno podría decir que Dios envió al diablo como el mejor amigo del hombre, pero no por la razón que creía en un principio, sino todo lo contrario. 

Lo que siento es que no la encontraremos, que volveremos a tropezar con esta piedra, porque nosotros la hemos puesto ahí. No podemos ir contra el tiempo y éste arrastra hasta el detalle más pequeño. No quedará nada y no importa cuánto pataleemos, cuán útil creamos que será nuestra terapia, nuestro narcisismo, porque el veneno lo hemos tomado nosotros. Nadie nos ha obligado a beberlo. Era nuestra pasión la que nos impulsó, nuestra ignorancia y nuestra locura. 

Sabíamos que las cosas eran más sencillas, pero no quisimos aceptarlo. No lo reconocimos. Nos adelantamos en nuestra soberbia y lo perdimos todo, y ya no podremos culpar a nadie más que a nosotros mismos, porque todos los demás se habrán ido antes que nosotros y nos quedaremos completamente solos. 

Me gustaría añadir que lo brillante es lo que ilumina, no lo que oscurece y, por tanto, siento que mis palabras son demasiado negativas y destructivas. No espero críticas porque no soy nadie y esta nota anónima la escribo para mí en mi soledad. Quedará aquí, atrapada en el anonimato, esperando ser liberada, porque aún soy demasiado idealista y sueño con que pueda ser útil para alguien, alguien con quien compartir mi pena y mi padecimiento por el mundo, incluso también, mi risa. Ese es mi verdadero y único consuelo ahora. 

Comentarios

Entradas populares