Prematuro e inmerecido
Debemos reformular el concepto de publicación. Hoy se relaciona con la vulgaridad, el infravalor, la espectacularidad. Los preliminares del espectáculo no son tan emocionantes. Son angustiosos por el riesgo que suponen. Los que creemos en la distorsión humana, nos unimos diciendo: sabemos que nos engañamos a nosotros mismos. El recreo es una necesidad. Esa vulgaridad es también un impulso. Algo salvaje, todavía. La iluminación es un accidente prematuro e inmerecido que las generaciones futuras olvidarán y que las de hoy no valoran lo suficiente, esto es, en su justa medida. Sólo puedo creer que las excentricidades, las frivolidades y las necedades siempre han existido en exceso, no en su justa medida. Por eso me lamento. Porque nos alcancen en la ignorancia.
Un exceso de confianza en nosotros mismos nos ciega, nos hace arrogantes y déspotas. Insoportable se vuelve nuestra propia presencia. Encontramos estimulantes algunas lecturas milenarias, pero no entrañamos todo su significado. El deleite es un corto avance al futuro que termina en reposo, molicie y procrastinación. Hemos ejercido antes tanta presión sobre nosotros mismos? Quién merece ser hombre, de entre los hombres? Es más fácil amar el momento de un hombre que a toda la humanidad. Se olvida pronto. Pero no merece ser llamado sabio el que no siente amor por la humanidad. Sabiduría, felicidad es aceptarse a uno mismo. Cómo vamos a aceptarnos, si no aceptamos a los demás, al otro? Quiénes nos vieron crecer? A quiénes amamos? A quiénes quisimos alcanzar con nuestro corazón solícito, para reposar por siempre?
Somos nuestra soledad. Es momento de contar la verdadera historia. En otro mundo, un mundo real, por debajo de este, más allá de este, no somos tan celosos y cobardes. No tenemos tanto miedo. Porque no existe la debilidad. La apariencia es un recuerdo y la esencia lo es todo. Siempre está llegando. Presente y ausente. No hay belleza, ni amor, ni plenitud sin él. Resuenan unas buenas palabras, pero la actitud humana sigue siendo exhibir virtudes y ocultar defectos. Se rompe el hechizo. Atrapados, sufriendo en la ilusión. Algo se rompe por dentro. Puntiagudo, pulveriza. Aquel mundo no ha llegado. Es tan dolorosa su ausencia. Sólo un sueño. Nadie ha terminado de decirlo, de imaginarlo. Hasta en nuestros sueños nos alcanza a veces, este mundo real. Como en los mitos.
No sé lo que es la verdad, pero sé que existe. De lo que más hablamos es de lo que menos sabemos. Tampoco sé lo que es la injusticia, pero sé que es dolorosa. Incomprensible, inaceptable. De ahí su existencia. Lo que hice, lo hice porque quise, porque me pareció apropiado. Pero ahora no puedo cambiarlo, ni sentir lo mismo que entonces. No me parece bien que conspiremos contra nosotros mismos. Es el colmo de la indignidad. Le quitamos importancia, pero insistimos en ello. El poder sólo cambia de forma. Ojalá me hubiera bastado con el pasado.
Breve es el placer y el dolor, aunque se quieran retener. Ardor de espíritu dice: un hombre de verdad siempre tiene miedo de sí mismo. La cultura es el falso dominio de la naturaleza. Huir es someterse. El mayor conocimiento se vuelve una mera sospecha cuando te das cuenta de que sigues pensando.
El sufrimiento sin objetivos sinceros es absurdo. Tienen que ser propios, inherentes. Demasiado tiempo fingiendo. Estaba seguro de saber quién era. La ciencia verdadera no cambia. Así es el brazo ejecutor de la injusticia. Insensible, incompleto. Violento y excesivo. Somos más severos para lo que realmente nos preocupa. El valor es la seguridad oculta.
Sé cómo es, y tú también. Procuremos que nuestra conversación valga la pena. Creo que me dolería mucho descubrir que es el trato con el otro lo que nos hace miserables. Si es así, me alegro de no haberlo descubierto todavía. El refugio es la supervivencia y el regocijo. El hombre parece un misterio creciente, dentro de sí. Estoy intentando reconstruir la filosofía. Quien pueda, que me siga.
No sé lo que es la verdad, pero sé que existe. De lo que más hablamos es de lo que menos sabemos. Tampoco sé lo que es la injusticia, pero sé que es dolorosa. Incomprensible, inaceptable. De ahí su existencia. Lo que hice, lo hice porque quise, porque me pareció apropiado. Pero ahora no puedo cambiarlo, ni sentir lo mismo que entonces. No me parece bien que conspiremos contra nosotros mismos. Es el colmo de la indignidad. Le quitamos importancia, pero insistimos en ello. El poder sólo cambia de forma. Ojalá me hubiera bastado con el pasado.
Breve es el placer y el dolor, aunque se quieran retener. Ardor de espíritu dice: un hombre de verdad siempre tiene miedo de sí mismo. La cultura es el falso dominio de la naturaleza. Huir es someterse. El mayor conocimiento se vuelve una mera sospecha cuando te das cuenta de que sigues pensando.
El sufrimiento sin objetivos sinceros es absurdo. Tienen que ser propios, inherentes. Demasiado tiempo fingiendo. Estaba seguro de saber quién era. La ciencia verdadera no cambia. Así es el brazo ejecutor de la injusticia. Insensible, incompleto. Violento y excesivo. Somos más severos para lo que realmente nos preocupa. El valor es la seguridad oculta.
Sé cómo es, y tú también. Procuremos que nuestra conversación valga la pena. Creo que me dolería mucho descubrir que es el trato con el otro lo que nos hace miserables. Si es así, me alegro de no haberlo descubierto todavía. El refugio es la supervivencia y el regocijo. El hombre parece un misterio creciente, dentro de sí. Estoy intentando reconstruir la filosofía. Quien pueda, que me siga.
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