Documental americano
Dejar una marca en este mundo por amor es justo, si uno sabe lo que hace. Primero, hemos amado este mundo. Luego, nos extraviamos.
Merece la pena hacer justicia de corazón.
Me disculpo en primer lugar por las muchas palabras, porque quiero ser directo.
Confieso que he amado este mundo con todo mi corazón, porque si no, no creo que hubiera sido posible que me hiciera daño. Daño en el mismo corazón.
Yo también he conocido la amarga desesperación y el frío vacío con el que chocan mis mayores pasiones.
Hablo con el corazón. Y, si no fuera así, intento hablar con él, por medio de él. No tengo ninguna excusa. Nunca la tendré.
Empecemos por nuestro principio. Las pasiones humanas, naturales, reales, de este mundo y de ningún otro conocido.
Me apasiono como un niño y admiro en el secreto de mi corazón lo que parece un sueño inalcanzable.
Intento reproducir con palabras lo que no lo son y me lamento por imaginarme con insuficiente energía y entusiasmo, siendo todavía un joven en la violencia de este siglo. La violencia de su locura. La amenaza de su genio. El vaciamiento que no termina. La caída.
Si no puedo hacer más que irme por las ramas, si no quiero hacerlo, si no puedo controlarlo, aceptémoslo. Aceptémoslo juntos, tú y yo, en este momento. Tú, mi lector, y yo, tu escritor. Tu igual, tu instructor. Tu aprendiz.
Si amo la mediocridad como la derrota, qué más puedo hacer? Tengo miedo de este mundo, porque ya lo conozco. Hago planes porque tengo miedo. Tengo miedo a contender y fracasar. A insistir.
Estoy escarmentado. Tengo miedo de estar escarmentado. Mi catarsis no ha terminado.
Soy persona que quiere ser personaje. Qué puedo hacer, si esto es así?
Qué puedo hacer, si no puedo aceptarme, si no sé quién soy? Reconocerlo. Reconocerme.
Una marca en el mundo no basta, si hay muchas. Habrá más. Parecerán mejores. Parecerá que enloquecemos muchas veces.
La suciedad está en el interior.
Me estanqué en el infierno cotidiano de mis padres. En el mismo pasado, del que no puedo salir. Devora el presente. No hay salida. Somos esta esclavitud, su expresión. Su secreto.
La violencia de unas palabras no puede ser vacía. Aunque se haya escrito mejor. Aunque no se haya entendido bien, si esto es posible.
Creo que esto es culpa mía. Mi carga. Aún lo creo. No he podido evitarlo. No he podido luchar más contra ello.
El tiempo es paz.
Qué sientes al ver el cartón?
Que los ojos de mi corazón admiraron un misterio que persiste.
Los discursos ya han fracasado, pero insisten. Nos atormentan y los vomitamos, como demonios. Volvemos a ellos. Yo reflexiono en silencio nuestra derrota.
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