Pueblo-pantalla
Qué tenemos, sino la última estética? Ella basta para la polémica y la confusión. Vestimos nuestra locura con cordura, para nosotros y para los demás. Es cotidiano y lo olvidamos. No dejamos de recibir el mundo real, en nuestros ojos, nuestras manos y nuestra boca, pero sólo nos sirve para construir uno ideal. Uno que se cae muy pronto. Nuestro cielo corrupto. Nuestra Torre.
Cuando Marshall McLuhan llamó a nuestra sociedad una incipiente aldea global, no me había percatado de que probablemente lo hacía para burlarse. En un pueblo, normalmente, la erudición y la prudencia no son abundantes. Los rumores forman disputas y castillos en el aire con facilidad. Los pueblerinos son precipitados. Algo así nos ha pasado. Nos hemos dado cuenta de lo cerca que estamos de la caricatura de lo que deseábamos ser. Es decir, se refería a una involución, a un tribalismo. Qué tenemos contra nosotros?
Ese enunciado le bastó para entrar en la historia del pensamiento crítico y académico. No creo que sea un pionero a la altura de sus predecesores, pero me voy quedando sin opciones y aprendo a conformarme. Prefiero analizar de cerca su trabajo, antes que despreciarle. Consumo sueños. El producto más delicioso que conozco. Dos espinas enfrentadas se atraviesan. Estoy en medio o en ambos lados.
No nos vemos como somos realmente. Nos vemos a través de nuestra pasión favorita en este momento, sin elegirlo. Tenemos la soledad de los demás, no la nuestra, y podemos hacer lo que queramos con ella. Somos el verdadero referente. Lo digo honestamente. Esta vida es irrepetible. No queremos seguir una tendencia, sino serla. Ratas a la carrera. La acción más pequeña es la más verdadera. Hemos cambiado la realidad. Quién iba a elegir la desesperación?
Intuimos lo que somos en realidad. Sólo eso. Descubrimos lo que olvidamos. Hubiéramos sentido nostalgia de todos modos. Está en nuestra profundidad, de donde surge nuestro ser incontrolable. No importa la sofisticación de nuestra respuesta, si no podemos cambiar la pregunta. Nos cuesta soltar lo que nos importa. Quién pudo elegir su suerte?
No podemos cambiarnos. Repitámoslo, una y otra vez. Queremos decir lo importante, que perdure. Dar vida a las palabras. Pero nos quedamos a medio camino. Sentimos que hemos fracasado, que no podemos ganar. Ahí empieza la pasión, hasta hoy. Así intentamos llenar nuestro mayor vacío. Hablar es especial, pero no hablamos de lo especial. No hay mundo sin habla. Sólo podemos vernos culpables, incluso cuando hacemos algo bueno, por casualidad. Si alguien puede devolverme la esperanza que yo destruí, le amaré para siempre.
Sabemos de lo que estoy hablando. Tenemos nuestra apariencia, aunque sea por poco tiempo. No nos aceptamos a nosotros mismos porque sabemos que no durará mucho. Nos volcamos en los detalles, sólo por nosotros. Esto podría ayudarme a mantener el equilibrio. No soportamos vivir. Huimos de la vida real. Tenemos un poder oscuro, peligroso. Tentador. Como si realmente pudiéramos trascender a la cultura, por nosotros mismos. En la historia, todo se acaba.
La vida no podría ser más fácil, pero deseamos atacar las apariencias que nos desagradan. No nos basta la satisfacción material. Dura un instante. Buscamos pelea para dar sentido a nuestras vidas. Queremos elegir nuestro propio camino. Pero no hemos elegido lo que nos conmueve. Es una ironía. Nos falta imaginación para cambiar. Sólo tenemos la estética y por poco tiempo. Nos empeñamos en construir nuevos sueños, negando nuestra impotencia. Moriremos peleando por lo que amamos. Si no abrazas tu vida, la que tan bien conoces, sufrirás. Todo lo que no es como ella, pasa de largo.
Cuando te das cuenta, ha pasado. Podemos vestirnos de falsos sentimientos, pero se acaban cayendo. Debemos ser comprensivos con nuestra situación. No hemos podido ejercer toda esta presión solos. Hay demasiada sangre en nuestros deseos. Clama la sangre. No es tan fácil cambiar la vida de otro, aunque sea brutalmente. Palidecemos, cuando vemos la verdad de nuevo, porque siempre huimos de ella. Del silencio, la quimera y la soledad. La realidad no se comporta. Nosotros sí.
Me cuesta creer que podamos estar más unidos de lo que estamos ahora. No creo que lo deseemos, en realidad. Nos costaría más destacar, mostrar poder. Tengo tiempo de sobra para elucubrar. Nos consolamos hasta hartarnos. Luego, volvemos a extraviarnos a drede. Nunca tuvimos tanto control. Queríamos divertirnos e integrarnos. No podemos ser suficientemente comprensivos, si sólo tenemos la última estética. La que pasa tan rápido.
Comentarios
Publicar un comentario