Cabeza invisible


Yo no sé explicarlo ni conozco el motivo, pero llega un momento en el que sólo te quedan recuerdos. Como si el mundo ya no tuviera nada más que ofrecerte, a ti, que eres una parte tan pequeña de él, y lo buscas desesperadamente, y ni siquiera sabes por qué lo necesitas. Ves tus pies en el mundo, pero no lo ves a él. Sólo espejismos que pasan. 

Seguimos aquí como somos, y no lo soportamos. Buscamos cualquier farsa para eludirlo, pero todas son ridículas. Tenemos una nostalgia aplastante sobre nuestras cabezas invisibles. Sobre nuestro espíritu. Todo nos parece poco. Usa las historias. Nada más puedes hacer. Úsalas bien. 

Siento que no debería poder elegir mi forma de ser, que no sabría acertar, que soy un absurdo dentro de algo que tiene sentido. La fe es ser fuerte por dentro cuando se es débil por fuera, pero la prueba, el desafío se hace más duro y no hay garantías. Todos sentimos que la vida debería ser más sencilla, más benevolente, pero no sabemos por qué, por qué imaginamos con tanta claridad la soledad. Lo suficiente para huir, sin mirar atrás, sin preguntar, sin detenerse un segundo. 

Nos sentimos crueles y ese mismo sentimiento demuestra que no lo somos. Nos quedan restos y no sabemos qué hacer con ellos. Llorar, reír, seguir esperando. Es una monotonía insoportable. Una confusión infinita. Una parte pequeña del mundo llora porque no conoce su vacío. No sabemos por qué se rellena nuestro vacío, pero nuestros sentimientos no son constantes. 

No sabemos en qué dirección se mueve el mundo entero, ni por qué existe la esencia del tiempo, ni por qué nos duele tanto no poder dominar nuestros sentimientos. Existe la noche en nosotros, pero no sabemos si amanecerá. Es una noche sin ley, sin medida. Ridiculiza el orden del día y en ella nos desatamos. Lo necesitamos, como respirar en el alma. Lloramos por nuestra falta. Pero puede que no lo sea. Que sólo la podamos ver así. No cambiaremos. 

Nadie sale de la vida. Eres libre en ella. Conoces bien los parámetros. Dejaste de conocer en cuanto aprendiste lo esencial. Luego vinieron muchas decisiones estúpidas que rellenaron tus días. Te cansaste, te redimiste y seguiste igual. Lamentaste no haber dominado el tiempo. Llevaste demasiado lejos tu ciencia y te desbordó. Ahora, ni siquiera estás seguro de lo que lamentas, pero no hay vuelta atrás. Todas las palabras son pegajosas. 

Empezaste a hablar, muy seguro de ti mismo y terminaste tartamudeando, hasta callar. Qué nos queda por escuchar ahora? Sólo hay un relato. No cambia nada del resto. Volvemos a él sedientos, como si no tuviésemos vida propia, parásitos de la mentira y el desconsuelo, ánimas en pena. Hubiese evitado llegar hasta aquí si lo hubiese sabido, pero tal vez sólo hubiese llegado más tarde. Tal vez sólo me hubiese quedado en el camino. Este laberinto tiene demasiadas salidas. Es muy pequeño. Siempre el mismo. 

Estoy cansado de los mismos juegos. Nos dejamos llevar por la corriente porque realmente no tenemos nada más que hacer. Si tuviésemos noción verdadera de un poder superior, buscaríamos asaltarlo sin piedad. Así somos en realidad. No estamos curados de nuestra locura, que es ambición y huida. No sabemos qué produce la herida, sea bueno o malo. El mismo misterio. 

Todos hubiésemos elegido otro camino. Hoy es un día nuevo, pero no sucede nada diferente bajo el sol. Siento que no debería haber llegado hasta aquí, poder elegir mi carácter, mis acciones, mi mueca para los demás, pero es así. Que tenía que haber sido un esclavo más, otro rebelde inútil que el tiempo tumbase, anónimamente. Y, sin embargo, aquí está mi prisión, todos mis sentimientos sinceros, porque no puedo dejar aquí más pedazos de mi vida despedazada, enloquecida, rabiosa y cansada. Así soy en realidad. 

Un hipócrita que no puede redimirse a sí mismo. Conocemos muy bien nuestra herida, pero no conocemos la cura. Por eso, procuramos distraernos, mientras la herida hace su trabajo y nos debilita. Procuramos olvidarlo, quitar hierro al asunto, simplificar, banalizar, hacer gracia, aligerar. A lo mejor no es tan terrible. A lo mejor, simplemente, algunos olvidamos cómo o por qué seguir adelante, si no es engañándonos más. Todos los sentimientos los produce algo más simple que ellos. 

Muchos pierden demasiado pronto, dejan de huir, se quedan atrapados y no salen. Son como nosotros. Queremos ser diferentes. El orgullo dice: "yo merezco más", incluso sin voz. La voluntad no basta, si no se conoce lo suficiente. Me sobra, pero no quiero aceptarlo. No sé cómo encajarlo. Me siento extraño en el mundo. Es un lugar familiar que está muy vacío, como si no tuviera que estarlo. La chatarra resuena como chillidos, pero no deja de ser chatarra. Qué quimera pudo salir del no-ser, si no deja de tener sentido y renovarse sin defecto?


Comentarios

Entradas populares