Detener el mundo
Detener el mundo es una quimera. Todo lo que nos llega de él es diferido. No se puede engañar a la naturaleza, pero la naturaleza sí nos puede engañar a nosotros. Estamos en el pensamiento mágico. No sé lo que viene después. Será mejor. Igual de real que esto. Si el equilibrio fuera fácil, no lo llamaríamos así. No elegimos lo que otros eligen de nosotros. Algunos se dieron cuenta de lo que era importante, sin duda. Los demás no lo sabemos. El destino no cambia.
Los demonios están en nuestro interior. Sospechamos lo que perseguimos, pero no dominamos este conocimiento. Hay un proceso y nadie sabe cuál es. El equilibrio que está a nuestro alcance cambia. Nos supera nuestro propio razonamiento. La genialidad es discutible, hasta la más sofisticada. Estamos aquí. Sabemos cómo somos, pero también sabemos que no podemos cambiarnos. Parecen conocimientos irreconciliables pero no lo son.
Existe el truco en el presente, sea dado o no. Por él nos escaqueamos un tiempo. Si el deseo fuera completo, no existiría. La sabiduría siempre somete a los que se creían sabios. Conoce un poco mejor el mundo. No controlas la vida. No salvarás lo que es útil. Seguirá aquí, revelándose, cuando tú ya no estés, seas quien seas.
Otros se han preocupado demasiado, pero son igual que tú. Esto es libertad. Si crees lo que digo, sigue tu camino. Cada uno sigue con su vida. Mi camino ha sido arriesgado, pero hoy no lo es más, y nadie vuelve atrás del todo. Nos importa lo que se cruza en nuestro camino, pero no lo vemos completamente. Por eso nos sorprende. Oigamos, veamos y sintamos, antes de ser un medio de la misma verdad, si podemos. Mira bien, si puedes.
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