Segunda fama
Arte es lamento que produce una carencia interior. Evita lo que no tiene salida.
Si me hiciera famoso, me hartaría a decir mentiras sobre mí mismo. Mentiras que siempre he querido decir que aún me corroen por dentro, como demonios invisibles, pequeños y numerosos. Luchan incluso entre ellos. Las diría rápido, como torpes accidentes, porque no sé cuánto duraría mi injusta y ansiada fama. Me arrastran como la misma pasión. Me confunden. Casi anulan mi sentido. Chispa divina, lejana. Casi inalcanzable. La caída es segura. Intentar no caer es una locura. Tengo miedo de desear lo que no puedo tener. El miedo me alcanza por dentro, pero he intentado huir de él.
Reconozco que hace tiempo he empezado a sospechar que eso de la fama también es mentira. Pero muchos la creen todavía, dicen mis demonios. Hay muchos corazones que conquistar aún. Corazones que seducir. La pasión es más fuerte. No podemos respetar a lo que nos somete, si lo odiamos tanto, en el fondo. No hemos violado leyes sagradas. Hemos violado nuestra trampa. Nos hemos pegado con nuestro látigo, queriendo castigar a otro invisible, mejor o peor. Hemos inventado la plenitud para consolarnos y no ha sido suficiente.
Comentarios
Publicar un comentario