La imaginación
Imagina que eres un hombre.
Sólo un hombre.
No un superhombre, ni una criatura fantástica.
Sólo un hombre de verdad.
Un hombre que has conocido por dentro en una vida.
Imagina que la imaginación es la manera de influenciarnos a nosotros mismos a través de las ideas.
Que eres un animal más inteligente que los demás, pero que sigues siendo un animal.
Un animal de carne y hueso, que vive y muere. Con necesidades, con desconocimiento. Con instinto.
Imagina que te gusta jugar, porque es divertido, pero que también te aburres.
Que te acusas a ti mismo, con lo poco que sabes. Que quieres y te resistes, pero no eres omnipotente.
Que quieres cambiarlo todo, porque no sabes quién eres. Un rebelde violento, romántico.
Que la religión es un invento del hombre o, tal vez, una parte de la misma naturaleza humana que no ha
terminado de expresarse, pero que no puedes saberlo.
Imagina que no hay textos secretos, que no puedan leerse, ni meditarse, ni cuestionarse.
Que todo es válido hasta que se demuestre lo contrario.
Que seguiría siendo válido a pesar de ello, porque existe el absurdo en nuestra imaginación.
Es donde termina lo que se parece a la razón, sin serlo.
Imagina que existe la empatía y venimos del mismo sitio.
Que nos amarga el error incluso como idea. Aquello que no se puede reducir más por dentro. Que el placer
es recreación y el dolor, división.
Que la verdad es estado y proceso. Todo y parte. Que todas las explicaciones sobran, en el fondo.
Y que no podemos ser libres, si existe la ignorancia.
Si se puede discutir, por qué lo vamos a discutir?
Quiero que me encuentren, que me descubran corazones hambrientos que se puedan saciar
sin engañarse a ellos mismos.
Imagina que la verdad es lo que no se puede fingir.
Si puedes imaginarlo, puedes temerlo.
Comentarios
Publicar un comentario