Notas sobre el Divino
Platón es probablemente el mejor pensador conocido de todos los tiempos. Sus escritos han descrito con claridad, estilo y honestidad las cuestiones más intrincadas sobre la naturaleza humana, que es la nuestra.
Quiero hacer algunos apuntes de lo que me parece su trabajo. En primer lugar, creo que tenía una pasión extraordinaria por el conocimiento, que es el sentido de la vida. Dicho esto, quiero imaginar a este gigante universal como una persona con talento natural, con dedicación, respeto por las tradiciones, curiosidad, mente abierta y honestidad.
Es para mí, por tanto, un ideal casi religioso y así quiero que siga siéndolo. Reconozco que, de haber sido uno de mis contemporáneos, puede que me hubiese partido el corazón descubrir que no era tan brillante como lo imaginaba. Sin embargo, día a día creo ir descubriendo (algo tendrá que ver la voluntad...) más detalles emocionantes de su labor. La he admirado como no recuerdo haber admirado ninguna en toda mi vida.
Platón es la filosofía en sí misma, el amor hacia la verdad, a su aplicación, a nuestro lugar en ella, como seres racionales y emocionales. Es realmente lo que pienso al respecto, pero no me creo con el derecho de presumir de él, porque el mérito es sólo suyo. Tal vez de todos los seres humanos. Estoy exagerando porque estoy enamorado de él.
Creo que era una persona extraordinariamente rigurosa e ingeniosa. Sé que muchos de sus escritos, si no todos, estuvieron fuertemente influenciados por el pitagorismo, probablemente aprendido de su madre, Perictione, que pertenecía a la secta del célebre matemático. Usaba hexámetros para la medida de sus versos, los cuales me imagino que cuidaba con santidad en forma y fondo. No imagino hasta qué punto.
Usaba constantemente metáforas clarísimas de lo que quería decir y todos le entendieron, sus admiradores y sus detractores. Sus obras están frescas como el primer día. Son útiles y bellas. No se agotan, aunque pase el tiempo. Sus ideales siguen en nuestros sentimientos y sus hipótesis son milimétricamente abiertas, tanto como nos lo permite la imaginación. A saber hasta dónde llegó en realidad, para demostrar lo que creía, lo que descubrió.
Me lo imagino como una persona constante, perseverante, con orgullo, osada, sin miedo a desafiar, siendo justo, con un profundo respeto por la tradición y el valor revelador del pasado. Me lo imagino tolerante, pero sobre todo con sentido común, cabal, ante las necedades y lo absurdo. Me lo imagino absolutamente espectacular, sólo por los restos que me han llegado de él, de lo que, supuestamente, es lo mejor que dejó al mundo. Textos vivos.
Me lo imagino profundamente religioso, sin miedo a confesarse sus limitaciones y defectos, pero dispuesto a rebasarlos con toda su fe y su constancia. Me lo imagino como a una cri
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