Comentario
Él es neurótico y tiene millones de seguidores que leen sus reflexiones. Habla mucho diciendo muy poco. Es de lo más predecible. Es eficaz en su incomunicación. Muy persuasivo. Un prostituto. Su éxito no puede hacerle más crédulo, pero saca tajada de su mal humor. Ha hecho un doctorado e investigación internacional. No me decido a sentirme celoso por él.
Mi imagen de perfil le mira con desprecio etéreo y divino. Sabe que se esfumará en su vanidad, pero ahora le siguen muchos, desesperados por la falta de aire social. Le odio. No me cae bien. Ni siquiera le conozco. No tengo interés en hacerlo. No me parece el mentor adecuado, a pesar de las cifras y de las indicaciones más toscas.
Creo que se debe afinar mucho más para dar ejemplo. Carece de humildad. Sólo huelo en él un tufillo utilitarista muy poco seductor para las mentes brillantes. No digo que yo lo sea. Él desde luego no lo es en absoluto. No puedo controlar este deseo de que fracase, de que se equilibre este universo injusto y efímero, caótico por nuestras pasiones ciegas. Me repito constantemente.
Me cuesta mucho soportar a la gente que presume de su ignorancia como si fuese conocimiento. Es de lo más bajo. Creo que cualquiera puede ser más decente si se lo propone. Un mínimo sería deseable. Quizá mi odio hacia él es excesivo, pero todos los odios lo son. Qué justicia podría acabar con tanto ensayo, tanta desesperación organizada y cáustica? Pocos podrían soportar algo semejante por mucho tiempo.
Primero se debe igualar y luego superar. Es esta prisa maldita la que nos enloquece a todos, como si aún estuviéramos atrapados en esa espiral de estupidez y miedo que no es más que un escaparate de quimeras. En realidad no quiero convertirme en alguien así. Prefiero ser un desconocido que sueña con ser alguien. Al menos, así puedo ser yo mismo, sin miedo a un resultado insatisfactorio en las encuestas sin mi vida en sus corazones.
Mi imagen de perfil le mira con desprecio etéreo y divino. Sabe que se esfumará en su vanidad, pero ahora le siguen muchos, desesperados por la falta de aire social. Le odio. No me cae bien. Ni siquiera le conozco. No tengo interés en hacerlo. No me parece el mentor adecuado, a pesar de las cifras y de las indicaciones más toscas.
Creo que se debe afinar mucho más para dar ejemplo. Carece de humildad. Sólo huelo en él un tufillo utilitarista muy poco seductor para las mentes brillantes. No digo que yo lo sea. Él desde luego no lo es en absoluto. No puedo controlar este deseo de que fracase, de que se equilibre este universo injusto y efímero, caótico por nuestras pasiones ciegas. Me repito constantemente.
Me cuesta mucho soportar a la gente que presume de su ignorancia como si fuese conocimiento. Es de lo más bajo. Creo que cualquiera puede ser más decente si se lo propone. Un mínimo sería deseable. Quizá mi odio hacia él es excesivo, pero todos los odios lo son. Qué justicia podría acabar con tanto ensayo, tanta desesperación organizada y cáustica? Pocos podrían soportar algo semejante por mucho tiempo.
Primero se debe igualar y luego superar. Es esta prisa maldita la que nos enloquece a todos, como si aún estuviéramos atrapados en esa espiral de estupidez y miedo que no es más que un escaparate de quimeras. En realidad no quiero convertirme en alguien así. Prefiero ser un desconocido que sueña con ser alguien. Al menos, así puedo ser yo mismo, sin miedo a un resultado insatisfactorio en las encuestas sin mi vida en sus corazones.
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